Kofi Annan, el anterior secretario general de Naciones Unidas, en el Foro Económico Mundial de Davos de 1999 lanzó un reto a los líderes el mundo en materia económica, empresarial y política. Les invitó a comprometerse en un pacto. Un pacto mundial para “dar al mercado un rostro humano”. Aquella iniciativa, asumida e impulsada por Bin Ki-moon, el secretario general actual, se ha convertido hoy en la mayor alianza público-privada para el desarrollo sostenible y la responsabilidad social: El Pacto Mundial de Naciones Unidas (Global Compact en inglés).

El Pacto Mundial exige de las organizaciones firmantes un compromiso de gestión ética, basada en Diez Principios, que se refieren a los derechos humanos, las relaciones laborales, el medioambiente y la lucha contra la corrupción. En la Red Española del Pacto Mundial (REPM), tras diez años de trabajo, sabemos que el compromiso libremente aceptado es verdaderamente vinculante. Ocurre así con los ciudadanos responsables y ocurre también con las organizaciones responsables.

Pocas cosas definen tanto a una persona como los compromisos que adopta. Y si aplicamos esa máxima a la ciudadanía corporativa, podemos decir que el Pacto Mundial, que encarna un compromiso con los valores de la Carta de Naciones Unidas, sirve para establecer determinadas expectativas sobre la conducta de las más de dos mil seiscientas entidades que lo han abrazado en nuestro país.

El valor de compartir principios

Después de diez años de trayectoria, la REPM ha publicado el estudio El valor de compartir principios en el que hemos analizado el grado de implantación de la responsabilidad social y los Diez Principios en España. Nos ha llamado la atención que casi todas las organizaciones firmantes señalan que se comprometieron con el Pacto Mundial por convicción. Precisamente hoy, que estamos atravesando una crisis (también) de valores, el compromiso con los principios del Pacto se revela, en nuestro país, como muy vinculante para las organizaciones a las que les importa la responsabilidad social.

Participar en el Pacto Mundial implica un apoyo visible a diez principios universales y exige el deber específico de los dirigentes de cada entidad que lo suscribe. La participación de la alta dirección es una señal inequívoca hacia los empleados y otros grupos de interés de que el compromiso con la ciudadanía corporativa constituye una prioridad estratégica y operacional de cada organización.

 

Otra conclusión relevante de la investigación es que la crisis no ha doblegado ni las acciones ni los presupuestos destinados a la responsabilidad social de las empresas, no en vano el 51% de las mismas los han aumentado o mantenido.

Sacar partido al carácter internacional del Pacto Mundial es deseable tanto para los firmantes como para la iniciativa, que fomenta las alianzas y apuesta por una globalización sustentada en principios éticos. Las empresas españolas firmantes del Pacto Mundial presentan una tasa de internacionalización mucho mayor que el resto de empresas del país: el 19,4 % frente al 3,1 %. Y dentro de estas, las que tienen mayor actividad internacional son las empresas asociadas en la REPM, un 30,75 %, mientras que esta cifra es del 16,75 % para las no asociadas.

Diez años dan para multitud de acciones en sostenibilidad, sobre todo se han hecho en medioambiente, en programas con las comunidades en sensibilización de proveedores y en formación de empleados.

 

 

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030)

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas alcanzan el año 2015 la fecha establecida para su consecución. A partir del año que viene los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tomarán el relevo.

En ese nuevo escenario, Naciones Unidas espera que el Pacto Mundial se convierta en el catalizador que coordine las acciones del sector privado para el desarrollo sostenible y lleve la voz de las empresas responsables a las cumbres de la ONU. Ello supone reconocer la fuerza transformadora de las empresas, e implica también a la sociedad, las organizaciones no empresariales, consumidores, e inversores.

Defendemos que los desafíos de hoy no se pueden enfrentar desde un solo sector. Los retos sociales, políticos y económicos afectan cada vez más a las empresas, las cuales reconocen que necesitan colaborar con otras empresas, con los gobiernos, con la sociedad civil y con la ONU.

El Pacto Mundial ofrece el marco en el que las organizaciones pueden colaborar en aras del desarrollo sostenible a nivel local o internacional. Colaboraciones basadas en la transparencia, el apoyo a los Diez Principios y en involucrar a todos los grupos de interés.

Alcanzar un futuro mejor para todos requiere la acción de todos: gobiernos, empresas, ciudadanos, consumidores, trabajadores, inversores y educadores. Pero desde nuestro punto de vista, no podemos dejar de señalar que las empresas están en el corazón de prácticamente cualquier mejora. Sin lugar a dudas, el sector privado tiene un papel fundamental que desempeñar. Como principal fuente mundial de la actividad económica, las empresas pueden y han de liderar hoy, como ayer, las mejoras del nivel de vida en todo el mundo.

Los mercados son esenciales para la creación y difusión de soluciones que impulsarán los cambios que necesita nuestro mundo. Pero para obtener resultados distintos, necesitamos actuar de manera diferente. La inversión y la actividad empresarial deben ser sostenibles, es decir, que se logre un equilibrio entre valor económico, social y ambiental.

Grandes empresas en todo el mundo, incluidas españolas, están materializando cada vez más alianzas para abordar las cuestiones más urgentes para el desarrollo del mundo actual. Algunas de estas colaboraciones han alcanzado una escala significativa en áreas como reducción de la pobreza, el aumento del acceso al agua potable, la mejora de la vida de los habitantes de barrios marginales y la paridad de los géneros en la educación primaria

A partir de septiembre del año 2015 esas prioridades estarán marcadas por la nueva agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asumir los retos de la agenda de desarrollo de Naciones Unidas, y catalizar el rol del sector privado en el escenario Post-2015, ayudará al Pacto Mundial a alcanzar su misión de hacer de la responsabilidad corporativa una fuerza transformadora para tener un futuro equitativo y sostenible.

El compromiso con el Pacto Mundial hoy es, más que nunca, un compromiso ético para protagonizar un futuro mejor. Es la afirmación de los valores que definen a cada organización. Será la prueba de fuego del convencimiento en unos principios éticos. El escenario propicio para sacar lo mejor de nosotros como individuos, pero en especial como miembros de las organizaciones a las que pertenecemos.

Àngel Pes

Presidente de la Red Española del Pacto Mundial de Naciones Unidas