Hace unos días, viendo una charla que John Doerr impartió en marzo de este año a los estudiantes de la Universidad de Berkeley, me sorprendió enormemente la fuerza con la que él, uno de los venture capitalist más importantes del mundo, defendía que los sectores de la salud y la “green economy” (economía “verde”) son probablemente la mayor oportunidad de inversión del Siglo XXI; mayor incluso de lo que fue en su día “Internet”.

En una sala abarrotada de ingenieros informáticos, programadores y emprendedores en busca de su primer puesto de trabajo y deseosos de saber cómo convertirse en el próximo Marc Zuckerberg del planeta, Doerr fue sintetizando en una pizarra las diferentes preguntas de los estudiantes. Aquello, más que una charla de innovación, ¡parecía uno de nuestros grupos de trabajo del Pacto Mundial! Con rotuladores de diferentes colores, Doerr fue escribiendo palabras como: “Economía verde”; “economía colaborativa”; “educación”; “salud”; “diversidad”; “mujer” o “innovación social”.

"Uno de los venture capitalist más importantes del mundo, defendía que los sectores de la salud y la “green economy” son probablemente la mayor oportunidad de inversión del Siglo XXI”

Una tras otra, las preguntas se alejaban de la jerga del mundo de la innovación y la tecnología y se centraban en las mismas temáticas que nuestro endogámico mundo de la Responsabilidad Social Empresarial discute día tras día. Tan es así que, de pronto, me surgió una inquietante pregunta: ¿habríamos estado tan enfrascados en nosotros mismos como para no darnos cuenta de que el mundo, por fin, había decidido “hablar de nuestro libro”?

Fue el propio Doerr el que en un momento concreto de su charla desveló la respuesta a mi pregunta: “la economía verde no ha de verse como un sector, sino como un espectro” dijo. Lo que se traduce en una idea que lleva tiempo discutiéndose en numerosos foros: la RSE no entendida como una dirección funcional dentro del organigrama de una empresa, sino como un espectro de aplicaciones que dotan de toda su potencialidad al concepto; la necesidad de entender la RSE como un conjunto de movimientos disruptivos capaces de transformar de manera radical cualquier sector, negocio, organización o ser humano. La Responsabilidad Empresarial Disruptiva (o RED).

Según la Real Academia de la lengua, “disruptivo” significa “que produce ruptura brusca”. Y para conseguir que la RSE tenga el alcance que buscamos, es imprescindible que se ligue a la tecnología y se convierta en una disrupción que transforme todas y cada una de las empresas y organizaciones del planeta. Porque, tal y como Daniel Lois comentaba recientemente en su post “Big Data y sostenibilidad: competir por todo o conformarse por nada”, “la sociedad cambia a un ritmo exponencial y las compañías que no se adapten estarán condenadas al fracaso”.

“La economía verde no ha de verse como un sector, sino como un espectro”

Esa adaptación pasa por comprender un concepto que Salim Ismail denomina “Organizaciones Exponenciales”. Se trata de “la nueva visión de una organización que es tan inteligente tecnológicamente, adaptativa e integradora (…) como el nuevo mundo en el que va a operar y, en última instancia, a transformar[i]”. Lo que mirado desde la perspectiva de la responsabilidad empresarial se resumiría en una organización que, apalancada en la tecnología, se adapta de forma inmediata a las exigencias de sus grupos de interés, identifica oportunidades en la agenda de desarrollo, colabora e intercambia información y conocimiento con las organizaciones que le rodean y se alía con diferentes actores para gestionar sus riesgos y multiplicar sus resultados.

En esta línea, la Red Española del Pacto Mundial lleva varios años trabajando en la plataforma Compactlink con la idea de acelerar los procesos de transformación de las organizaciones, facilitando la interrelación entre ellas y favoreciendo lo que en argot de start-up se conoce como la “incubación de ideas”. Incubar una idea no es más que trabajar sobre ella entre varias personas u organizaciones para que finalmente pueda llegar a ejecutarse.

La idea de crear empresas socialmente responsables y sostenibles es fácil de imaginar, de transmitir y de vender. Pero si realmente queremos acelerar de manera exponencial el número de empresas y organizaciones que entienden la Responsabilidad Social Empresarial como la única forma de hacer las cosas, hemos de aliarnos con la tecnología y empezar a hablar de Responsabilidad Empresarial Disruptiva.

Porque como John Doerr resaltaba en su charla: “las ideas son fáciles; la ejecución lo es todo”.

[i] “Exponential Organizations: Why new organizations are ten times better, faster and cheaper than yours (and what to do about it)”, Salim Ismail – ISBN: 978-1-62681-358-8