Este artículo ha sido publicado en Corresponsables el 6 de octubre de 2015

"Por fin se han aprobado los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible tras años de consenso y consultas. Además de todo lo que ello supone para la mejora de la vida de las personas del mundo, hay un punto que nos afecta de forma especial: por primera vez el sector privado y las empresas en particular están llamadas a ser parte activa y muy protagonista de la solución."

Desde el Pacto Mundial de Naciones Unidas somos conscientes de que el desarrollo requiere de creación de empleo y de la participación activa de las empresas en la sociedad. Hoy nos alegramos de que la comunidad internacional proclame su acuerdo ante esta afirmación. En el Pacto Mundial hay más de 12.000 organizaciones a las que queremos ilusionar e involucrar en la consecución de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), pero no como contribución desinteresada, sino como elemento intrínseco a su negocio.  Estamos en un momento en el que todos hemos asumido retos. Queremos que las empresas tomen conciencia de la relevancia de sus actuaciones y desde elPacto Mundial hemos asumido el objetivo de facilitar el camino para que ninguna empresa se quede atrás en este proceso.

El fin de semana de septiembre en que Nueva York se llenó de presentaciones, discursos, objetivos, filosofía, esperanza, sentimientos y aspiraciones tan necesarias como consecuentes, en el Foro del Sector Privado organizado por Global Compact pudimos salir además con un documento de actuación realista y práctico debajo del brazo.  Éste es el SDG Compass, que podemos traducir como la brújula de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Una guía que va dirigida a las actuaciones y al reporting de las empresas y que ha sido elaborada en colaboración por las organizaciones más importantes del mundo en la materia: GRI, el WBCSD y el Pacto Mundial.

Este trabajo es en sí mismo un ejemplo de cumplimiento del ODS 17, que anima a trabajar en alianza a organizaciones de diferente naturaleza en pos de soluciones. En este caso, el objetivo ha sido conseguir una “brújula”, una indicación, una ayuda, para que las empresas entiendan mejor cómo pueden alinear sus estrategias, así como medir y gestionar su contribución a la realización de los ODS.  Me gusta este Compass porque es muy operativo. Entre otras cosas, presenta cinco pasos que ayudan a las empresas a maximizar su contribución a los ODS: comprensión de los mismos, definición de prioridades, establecimiento de metas, integración de la sostenibilidad en la estrategia y reflejo en el reporting.

Me motiva por su actualidad. Porque de manera simultánea a la publicación de los ODS, nuestras organizaciones han sido capaces de ponerse de acuerdo en un documento consensuado que nos permite aprovechar al máximo los quince años que tardaremos en implementar esta nueva Agenda de Desarrollo.

Me satisface porque desde el minuto cero y sin que los ODS hayan arrancado, ya podemos ver que lo que hacen las empresas tiene mucho valor para el desarrollo a casi todos los niveles. Ya existen casos prácticos, que alcanzan diferentes objetivos y que ya han sido puestos en marcha. Además se pueden extraer sugerencias para acciones futuras.

Me inspira ver que el gran trabajo de las tres organizaciones ha dado con una gran matriz de indicadores que nos orienta hacia aquellos más habituales, los indicadores de GRI, vinculándolos a los ODS, a los Principios del Pacto Mundial y a sus plataformas especializadas. Pero el trabajo no acaba aquí, la herramienta es actualizable y viva, lo que seguirá requiriendo de un esfuerzo continuo de colaboración.

Me ilusiona porque en su esqueleto, se trata de dar a las empresas las claves para utilizar un lenguaje y marco común a la hora de reportar y comunicar en materia de desarrollo sostenible. En este sentido, no es sólo una brújula (compass), sino que es un compás musical, una homonimia que nos permite hacer nuestro idioma, la cual nos indica que si todos tocamos con la misma partitura la música se oirá mejor. Será mejor entendida y mejor valorada. En efecto, la metáfora de la partitura para todos los que hemos oído hablar a José Luis Blasco, ya tiene sus primeros movimientos negro sobre blanco.  Pero ante todo, es un gran resultado y una guía muy útil, que habla nuestro lenguaje y que les dice a todos los agentes mundiales que las empresas están listas. Que se han hecho los deberes y que se van a seguir haciendo. Que, frente a los acuerdos de los gobiernos, se ha creado una brújula en tiempo real para pasar a la acción.

El proceso será gradual. Conocer cómo los ODS afectan al negocio es una tarea reveladora, pero no inmediata. Situar la sostenibilidad en el corazón de las estrategias empresariales es un camino que lleva años, incluso para las organizaciones con más trayectoria en la materia. Adaptar la metodología del SDG Compass es un esfuerzo en el que el Pacto Mundial se posiciona como aliado natural del sector privado. Pero a partir de ahí, se tienen que producir cambios por parte de todos: en el lenguaje utilizado, en las prioridades para tomar decisiones, en la manera de medir resultados, en la generosidad de compartir logros y en el orgullo de comunicar acciones.

Hay una conclusión que extraigo de este documento que quiero resaltar por encima de otras de carácter más técnico y riguroso. Si desde Pacto Mundial estamos intentando decir algo a nuestras empresas, es que se sientan orgullosas de estar en una iniciativa que vincula sus esfuerzos con los de Naciones Unidas. Que el camino del sector privado está iniciado y trabajamos con una buena base. Que en los quince años de andadura, el Pacto Mundial ha adquirido conocimiento y potencial gracias al expertise de nuestras empresas. Que las Redes Locales, en especial la española, ya han iniciado ese ejercicio imprescindible de traducción de los ODS al contexto nacional.

Los ODS no son filosofía. No son una nueva religión para optimistas. Son una partitura que guiará nuestros pasos para articular el desarrollo sostenible. Por eso este SDG Compass no es una biblia. Es una guía viva para que las organizaciones privadas entiendan sus responsabilidades y oportunidades vinculadas a cada una de las metas globales. Y su existencia es la constatación de que el papel de las empresas en este concierto es real y necesario.