Me voy a permitir contaros un pequeño cuento que creo que puede servir para hacernos reflexionar de cara a las planificaciones que se suceden cada comienzo de año.

Probablemente muchos conozcan la historia del elefante que permanecía atado a una pequeña estaca que yacía a su lado clavada en el suelo. En torno a él, discurre esta historia con moraleja que viene a preguntarse cómo es posible que un elefante gigante permanezca atado a una minúscula estaca sin plantearse la posibilidad de escapar. Y es que el elefante, hoy enorme y corpulento, creció atado a lo que antes para él era un gran palo imposible de derribar.

Resumiendo. El elefante no se escapa porque cree que no puede. En una ocasión puso a prueba su fuerza sin resultado y, desencantado por su fracaso, no lo volvió a intentar. Nunca volvió a cuestionar su condena.

Dicho esto, y antes de que empecéis a pensar que no le encontráis sentido a la moraleja, dejadme que os recuerde que el pasado año constituyó un punto de inflexión para todos; también para Naciones Unidas, que recientemente ha aprobado una nueva Agenda de Desarrollo hasta el año 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con estos objetivos, se intentará transformar el mundo y no dejar a nadie atrás, poner fin a la pobreza extrema, combatir la desigualdad, desarrollar sociedades inclusivas que promuevan la paz y la justicia y proteger nuestro planeta a todos los niveles.

Os recuerdo también que el Pacto Mundial de Naciones Unidas lleva quince años trabajando para conseguir que el sector privado contribuya a la consecución de los objetivos de Naciones Unidas. Y creo que es muy relevante destacar que en esta nueva Agenda, el papel del sector privado tiene más relevancia que nunca en la consecución de los fines propuestos.

En este punto, me gustaría destacar que en España hemos llevado a cabo el ejercicio de “aterrizaje” de los ODS en el contexto país. Ese ejercicio nos ha dejado claro que en España hemos avanzado mucho todos estos años, pero que aún tenemos un enorme trabajo por delante. Tenemos que invertir en educación como elemento crítico e integrador; tenemos que transformar la economía para crear empleo y lograr un crecimiento inclusivo; debemos trabajar sin descanso para disminuir las tasas de desempleo juvenil y la fuga de talento; hemos de alcanzar la igualdad de género en el empleo y la integración de la mujer en los puestos directivos para no dejar al 50% de la población atrás; debemos reconocer la diversidad y fomentar el empleo de los mayores de 45 años; hay que minimizar el impacto de la actividad empresarial en el medio ambiente y promover el consumo responsable.

Y ahí lo tenemos: educación, economía, igualdad, impacto medioambiental de la actividad empresarial… pero aquí seguimos, atados a la estaca.

Tuve la suerte de estar en Nueva York el fin de semana de septiembre que se aprobó la Agenda de Desarrollo 2030. Allí se repetía como un mantra la frase “por primera vez en la historia, el sector privado tiene unos objetivos específicos para contribuir al desarrollo mundial y, por primera vez en la historia, el sector privado está llamado a ser protagonista de la historia”.

A todas las entidades y las personas que han hecho nido junto a la estaca, quiero decirles que es el momento de probar nuestras fuerzas. El sector privado tiene mucho que decir en educación, en innovación, en alianzas, en procedimientos, en tecnología… Es su oportunidad para que, cuando dentro de quince años se haga balance de esta agenda, comprobemos que hemos sido capaces de lograr lo que creíamos imposible.

Animo a las organizaciones privadas, a las instituciones educativas y a las personas que se forman en ellas, a que identifiquen de qué manera pueden contribuir a este momento histórico; a que analicen qué puntos fuertes y puntos débiles pueden trabajar para lograr los 17 Objetivos que nos hemos marcado.

Ya no hay estacas. Tenemos ante nosotros el llamamiento de una nueva Agenda de Desarrollo para cuyo cumplimiento el sector  privado es vital. Como dijo Ban Ki­-moon en su reciente visita a España, “tenemos una agenda de quince años y ningún tiempo que perder”. Así que liberémonos de los anclajes del pasado y despleguemos toda la potencia de crecimiento, innovación y progreso de la que somos capaces.

Isabel Garro

(Artículo publicado en el boletín de Comillas, enero 2016).