“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo".

Eduardo Galeano

Nuestro Código ético y política de RSC se basa en la defensa y promoción de los Derechos Humanos y de los trabajadores, tanto en lo que concierne al personal de la empresa, como en la relación con los stakeholders externos. Debe existir en la empresa un verdadero compromiso y difusión de la cultura empresarial basada en criterios de RSC. Estos valores han de ser transversales e impregnar todas las actividades del negocio. Para ello hemos realizado acciones de sensibilización y formación en Derechos Humanos y Derechos de los trabajadores. Defendemos una política de prevención y de creación de valores, más que una política de actuación a posteriori, basada en la coerción y el castigo. Esto, no obstante, no impide que se prevean medidas disciplinarias, como método disuasorio y ser aplicadas en caso de que se produzcan incumplimientos del Código ético.

Hemos impartido formación presencial en los 5 centros de Cataluña y formación por videoconferencia en los 6 centros restantes. Esta formación ha sido impartida por la responsable de RSC y de Cumplimiento normativo y ha contado con el apoyo y acompañamiento de un representante de la alta Dirección. Se ha apoyado la exposición con un material en formato de Power Point y se ha propiciado el debate y la puesta en común de impresiones y opiniones. Las sesiones empiezan con una introducción. En esta destacamos el papel de las personas, como valor fundamental de la empresa. Sin ellas no podemos cumplir los objetivos. Hacemos referencia al “Triple bottom” que debe perseguir cualquier empresa: resultados económicos, protección del medio ambiente y aportación a la sociedad. La empresa debe ser algo más que generadora de riqueza, debe aportar a la sociedad parte de lo que recibe de ella. Explicamos el Código ético, el programa de Prevención de delitos penales, el Pacto Mundial de Naciones Unidas y la política de RSC. En la exposición se habla de los derechos enmarcados en el Pacto Mundial, el Estatuto de los Trabajadores, los derechos fundamentales y la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Derecho a condiciones de trabajo favorables, Derecho a la igualdad, a la no discriminación, igualdad de remuneración para hombres y mujeres, Derecho a una remuneración justa, prohibición del trabajo infantil,  Derecho a la salud, libertad de opinión y expresión, Derecho al secreto de las comunicaciones, Derecho a la protección de datos personales, Derecho de protección de la propia imagen, Derecho de afiliación sindical, Derecho a huelga y Derecho a la negociación colectiva (estos 3 últimos puntos recogidos en el Principio 3 del Pacto mundial). Toda empresa debe empezar por velar para que no se vulneren los derechos de las personas que la integran, los derechos de los trabajadores. La empresa debe cumplir la legalidad y, por tanto, proteger y garantizar los derechos que establece el Estatuto de los trabajadores. Además, la vulneración de estos derechos, está tipificada como delito por el Código penal (arts. 311-318 CP). Y no solo eso, sino que, a partir de la última reforma del Código penal de 2015, su vulneración puede suponer la atribución de responsabilidad penal a la empresa.

La formación a los trabajadores y trabajadoras también es un derecho reconocido por el Estatuto de los trabajadores. La formación es además un incentivo no remuneratorio y una manera de aumentar la motivación y satisfacción con la empresa. Para ello hemos empezado a implementar planes de carrera, que definan las necesidades formativas de cada persona, adecuadas al puesto de trabajo que ocupa. Se trata de analizar el puesto de trabajo y el perfil profesional de la persona que lo desarrolla y definir qué formación es necesaria para aumentar su competencia profesional. Esto conlleva beneficios, tanto para la empresa como para el trabajador/a. Esta labor se realiza desde el departamento de recursos humanos, que se encarga de buscar la formación adecuada según la demanda del trabajador/a y según sus necesidades formativas.

De todos modos, procurar el respeto a los Derechos Humanos y derechos de los trabajadores, no solo es responsabilidad de la empresa, sino que todo el personal debe implicarse en el cumplimiento, difusión y la denuncia de los incumplimientos. Todos somos responsables de que el cumplimiento de los Derechos Humanos sea una realidad. Y esto debe exigirse también a las empresas con las que trabajamos. Si no lo hacemos, nos convertimos en cómplices de su vulneración.  A veces se sitúa a la empresa en una especie de isla imaginaria, al margen de la sociedad. Se olvida que la empresa está formada también por parte de ella y está integrada en ésta. Podemos caer en el error de pensar que la empresa no tiene ningún poder de lucha contra, por ejemplo, el trabajo infantil, y lo tiene. La empresa, cualquier empresa, puede hacer mucho, contribuyendo, difundiendo y exigiendo el cumplimiento de los Derechos Humanos. Y con la empresa, sus personas. La empresa debe formar parte de la cadena de valor que genere cambios sociales. Esta es nuestra pequeña contribución al cambio social propuesto por los ODS de la Agenda de Desarrollo 2030, porque la suma de todos, los que somos pequeños, es capaz de generar grandes cambios.

Judith Antón Teixidó

Responsable de RSC y Cumplimiento normativo de Suministros Eléctricos Industriales Anton Teixidó S.A.