En octubre de 2015, se inauguró la ampliación de la Carrera 80 en la ciudad de Medellín (Colombia). Esta autovía conecta esta ciudad con el Atlántico. Ferrovial se encargó de la construcción de la doble calzada a lo largo de 4,1 km. localizados en el extrarradio de Medellín, en la quebrada de la Iguaná. La peculiaridad de esta obra era su propia ubicación geográfica, una zona abrupta con importantes desniveles; y la complejidad social existente, ya que la carretera transcurre paralela a poblados donde las condiciones de habitabilidad son precarias: casas de pobre construcción con acceso a través de senderos, vertederos improvisados, etc.

Ferrovial, consciente de la importancia de las infraestructuras como herramienta para el desarrollo sostenible y el empoderamiento de la comunidad, buscó en alianza con las administraciones públicas que participaban en el proyecto: (Instituto de Nacional de Vías de Colombia, Gobernación de Antioquia, Ayuntamiento de Medellín y Área Metropolitana del Valle de Aburrá) aquellas soluciones que permitieran que la ampliación de la Carrera 80, fuera una verdadera oportunidad para el crecimiento de la ciudad y para la reordenación de una de sus áreas más deprimidas del municipio.

A las graves carencias sociales y económicas de la Iguaná, había que añadir que la obra generaba recelos entre sus habitantes. Por una parte desconfiaban de cómo se desarrollaría el  reasentamiento de las familias que habitaban los terrenos sobre los que actualmente discurre la Carrera 80. Esta gestión la realizó el Ayuntamiento de Medellín junto con el ISVIMED (Instituto Social y de la Vivienda de Medellín). Reubicaron a cerca de 1.600 familias en barrios cercanos.

Otro motivo de desconfianza para la población era el posible impacto que las obras podían causar en sus viviendas y entorno. Esta cuestión se abordó desde dos vertientes: el análisis previo del estado de las 1.500 propiedades que podían ser afectadas por la obra; y la creación de canales de comunicación con la comunidad. Surgieron así las actas de vecindad; las oficinas de atención a la comunidad para recoger y trasladar al órgano competente peticiones, quejas,reclamaciones y sugerencias; y los Comités de Participación Comunitaria (COPACOS) que han funcionado como órganos de control ciudadano del proyecto.

La obra resultó ser un éxito desde el punto de vista social y medioambiental. Se habilitaron accesos a los barrios ubicados en las laderas con senderos pavimentados, aceras acondicionadas y pasarelas peatonales. Igualmente, la construcción de un colector de aguas residuales paralelo a toda la autovía ha permitido reducir la contaminación del torrente.

Además, se construyeron cerca de 800 metros lineales de muro de contención para proteger la nueva infraestructura de posibles desbordamientos del torrente. Por otro lado, el depósito de los sobrantes de la excavación en la ladera y el trabajo de reforestación que se ha llevado a cabo, contrarresta el efecto de la erosión en las zonas donde se han efectuado estos trabajos.

Con esta infraestructura, se ha logrado no sólo conectar la ciudad de Medellín al Atlántico y aumentar su productividad, sino además mejorar la calidad de vida de los vecinos de LaIguaná. En la fase de obra, se han llegado a crear más de 750 puestos de trabajos directos y 500 indirectos, lo que ha contribuido a dinamizar la economía en la región.

Cristina Moral. Departamento de Responsabilidad Social Corporativa y Relaciones Institucionales de Ferrovial.