Ganó Trump y antes ganó el Brexit y Putin goza de mucha aceptación en Rusia y Erdogan está reventando la democracia en Turquia y la xenofobia crece y se levantan muros por doquier y los refugiados siguen muriendo en las aguas del Mediterraneo y el ISIS sigue ahí…y todo parece una pesadilla, un mal sueño, el guión de una película de miedo.

Mientras todo esto ocurre, el clima está enloqueciendo porque nuestro modelo económico mata la biosfera gracias a la cual vivimos. Se sabe que somos la última generación que puede hacer algo efectivo para frenar el cambio climático y por eso toda la comunidad internacional rubricó el acuerdo de París el año pasado para combatirlo y construir una económica baja en carbono. Lo que supone, de facto, hacer una autentica revolución en nuestra normativa, tecnología y valores.

Mientras todo esto ocurre, se superponen crisis: la económica y financiera , la social, la de gobernanza…Y por saberlas interrelacionadas e interdependientes, Naciones Unidas, los gobiernos y los pueblos del mundo aprobaron el año pasado los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible(ODS), una agenda global para todos los países y para todos los actores sociales.

Y entre los que peleamos por la realización de estas dos agendas globales , la climática y la de los ODS, la victoria de Trump ha supuesto un golpe muy duro en el ánimo, que es el combustible del cambio social. La tristeza se cuela entre las costillas, los músculos y las neuronas se aflojan ,los brazos caen abatidos, pegados al cuerpo…

Y el caso es que es el peor momento para el abatimiento, por la urgencia de los problemas a los que tenemos que responder y por que si dejamos que se consoliden estos nuevos liderazgos del blanco y negro, del trazo grueso, de mi tribu contra las otras, del sectarismo, de la ausencia extrema de empatía… la deriva del mundo seguirá un rumbo de catástrofes encadenadas, de conflictos y guerras crecientes y de mucho dolor evitable.

Frente a la actual efervescencia de pirómanos, gentes que no valoran las consecuencias y el dolor que pueden causar sus palabras y sus acciones, gentes que tienen respuestas sencillas para problemas complejos, gentes que gastan sus muchas energías en la pelea contra los otros, y que andan ayunos de ellas cuando se trata de construir un mundo mejor, mas fraterno, mas justo y mas en paz con el planeta. Frente a esos pirómanos que incendian los bienes comunes, la tierra, la confianza, el clima y la bondad del mundo, debemos construir una comunidad amplia, muy amplia, de personas templadas, en todo el planeta, que no se rinden, que no claudican, que no siembran odio para acabar con el odio.

Sufrimos una infección generalizada de intolerancia, de añoranza de la tribu, de pensamiento simple y bipolar, de una economía centrada en el yo y no en el nosotros, y frente a esa infección generalizada el sistema inmunitario de la humanidad toda debe reaccionar. Es el tiempo de las complicidades y alianzas entre quienes soñamos cosas parecidas y muy básicas, el bienestar para todas las personas dentro de los límites del planeta, por ejemplo.

Debemos tender puentes y cooperación entre los “bomberos del mundo”, los que prefieren apagar fuegos que incendiarlos. Construyamos una conspiración de personas templadas, amantes de los matices y de la palabra ajustada, amantes de la escucha y el dialogo, con el coraje que enraíza en la razón sensible y no en el odio. Gentes que rehuyen el insulto. Gentes que tienen mas prisa en entender que en juzgar. Gentes que creen en un mundo mejor y lo crean. Sigamos. Creemos esa comunidad.

Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo y vicepresidente de la Red Española del Pacto Mundial

* Publicado en El periódico de Aragon el 11 de noviembre de 2016