“Todas las acciones referentes al derecho de otros hombres

cuya máxima no es susceptible de publicidad, son injustas”.

Immanuel Kant

Un elemento que ha pasado de ser meramente deseable a indiscutiblemente necesario es, sin duda, el reporting corporativo. En efecto, hace unos pocos años, la transparencia corporativa, sobre todo en cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno (ASG), se percibía como una materia de cumplimiento plenamente voluntario y de buenas prácticas y, no obstante, hoy en día se configura como una de las cuestiones esenciales e inescindibles de toda actividad empresarial.

Hoy más que nunca las empresas están llamadas a navegar en las agitadas aguas del cambio y el reporting corporativo no ha sido una excepción a dicho perenne movimiento. Múltiples son los elementos que están transformando la textura actual de la transparencia corporativa pero, entre todos ellos, queremos destacar al menos tres que consideramos de gran relevancia.

En primer lugar, se ha pasado de percibir a la empresa como un agente meramente económico a observarlo como un agente social, cultural y medioambiental. En este contexto, el reporting corporativo no es ya sólo un esfuerzo para conciliar normas, expectativas y resultados, sino que se erige como una verdadera fuente de confianza y creación de valor, una forma de visibilizar lo intangible, de poner al mismo nivel información financiera y extra-financiera. Pues tal y como afirma Claudia Lucía Alejos: “Hoy, las empresas valen por su capital humano, imagen, capacidad de innovación y gestión, desempeño medioambiental y, obviamente, responsabilidad social”[1], con lo cual, existe una relación inseparable entre reporting y reputación, cuestión que ya se afirmaba incluso desde la Carta de Copenhague: “Stakeholder reporting can also be seen as a form of "insurance policy" protecting the company’s reputation”[2], pues, en efecto, al gozar de una mayor y mejor transparencia corporativa, la empresa proporciona una mejor rendición de cuentas, lo que lleva a que la empresa gane en legitimidad y credibilidad, al ganar en legitimidad y credibilidad gana en reputación y al ganar en reputación consigue crear valor tanto interna como externamente. Esto es lo que venimos a denominar el ciclo positivo de la transparencia corporativa y del cual creemos que las empresas empiezan a ser cada vez más conscientes.

En segundo lugar, incluso el concepto mismo de transparencia ha sufrido una notable transformación tanto desde un punto de vista sustantivo como desde el punto de vista del emisor/receptor. De este modo, no es lo mismo comunicar simplemente datos que transmitir verdadera información, ya que para poder hablar de una transparencia adecuada, la información debe cubrir varios requisitos, en concreto, debe ser: relevante, fiable, verificable, suficiente, clara y actual. Con lo cual, ante un reporting insuficiente, abstruso, desproporcionado, desactualizado o mal gestionado no podríamos hallar una auténtica y adecuada transparencia corporativa. Asimismo, dicha información debe ser no sólo retrospectiva, sino también prospectiva.

Por otra parte, acontece una notable transformación desde el punto de vista del emisor y receptor de la información, de modo que el actor que recibe la información ha pasado de ser un mero receptor pasivo e inmóvil para erigirse como un verdadero sujeto de influencia, incidencia e interés para el emisor activo. Por eso el reporting corporativo debe ser un proceso bidireccional y no sólo de construcción unilateral, es decir, debe ser necesariamente un stakeholders’ reporting. Por eso resulta enormemente importante saber a quién hay que informar sobre qué, ya que diferentes grupos de interés demandarán información distinta y el tipo de identidad corporativa que la empresa se quiera forjar dependerá enteramente del tipo de reporting que adopte, pues tal y como se afirma en la Carta de Copenhague: “Stakeholder reporting allows management to test that the mission, vision and values of the company match the expectations, demands and values of key stakeholders (…) By creating and sustaining this match of values between the company and its key stakeholders, management builds corporate identity and a sense of belonging as well as loyalty in its most important relationships.”[3]

Finalmente, acontece una nueva forma de entender la cultura empresarial y la responsabilidad social corporativa en conexión con la transparencia corporativa, pues el reporting pasa de ser visto como una carga y un gasto, a ser percibido como una parte indudablemente necesaria para una buena gestión y una adecuada rendición de cuentas, una responsabilidad que entraña efectos positivos para la organización; de modo que la responsabilidad social corporativa empieza a ser auténtica responsabilidad cuando viene refrendada en acciones, cuando goza de un buen grado de credibilidad y transparencia y cuando viene apoyada y amparada desde la Alta Dirección; y empieza a ser social una vez que se ha sabido escuchar a los diferentes stakeholders y se logrado abrir un verdadero espacio de comunicación y diálogo entre la organización y todos sus grupos de interés. Pues para saber reportar será necesario primero saber escuchar.

Así pues, aprovechamos que está la Directiva 2014/95/UE ad portas, un gran paso jurídico que establece el primer marco regulatorio a nivel internacional sobre el reporting corporativo extra-financiero y sobre diversidad, que según estimaciones de la Comisión Europea afectará a cerca de 6.000 empresas europeas[4] y que entra en vigor para el ejercicio fiscal del 2017; y aprovechamos asimismo que hoy es el día mundial contra la corrupción para recordar que el sector privado también juega un papel crucial en la prevención y lucha contra la misma y que, tal y como se ha dicho más arriba, el reporting corporativo no debe ser sólo un esfuerzo para conciliar normas, expectativas y resultados, sino que se debe erigir como una verdadera fuente de confianza y creación de valor, una pieza inescindible de toda actividad empresarial que debe atender al concepto estricto y comprehensivo de la transparencia y que debe tener en cuenta que supone un impacto enormemente significativo no sólo para los stakeholders de la empresa sino para la sociedad en general.

David Martínez García, Abogado e Investigador del Proyecto Integridad de Transparencia Internacional España, Coordinador del Foro de Integridad Corporativa y Coordinador Académico del Título Experto en Integridad Corporativa, Transparencia y Buen Gobierno de TI-España.

 

[1] ALEJOS GÓNGORA, C.L. “Transparencia: fuente de confianza en la empresa”. Cuadernos de la Cátedra “la Caixa” de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo” nº 27, IESE Business School, Universidad de Navarra, julio de 2015, p. 7.

[2] VV. AA. The Copenhaguen Charter: A management guide to stakeholder reporting. House of Mandag Morgen, 1999, p. 4.

[3] Ibid. p. 2.

[4] EUROPEAN COMMISSION. Disclosure of non-financial and diversity information by large companies and groups – Frequently asked questions. Bruselas, 15 de abril de 2014. Disponible en: < ;