Es hora de que las empresas actúen para cumplir sus responsabilidades básicas ante las personas y el planeta

En septiembre del año 2015, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el año 2030, por unanimidad de los 193 Estados participantes, entre ellos España. “No dejar a nadie atrás” es el eje del acuerdo. Por ello los ODS proponen acabar con la pobreza y el hambre, reducir las desigualdades y abordar retos urgentes como el cambio climático.

En la definición de los ODS han participado los gobiernos, las empresas, la sociedad civil y ciudadanos de todo el mundo. Su fuerza proviene del carácter universal del acuerdo alcanzado y de la ambición de las metas propuestas. Lograrlas requiere un esfuerzo sin precedentes por parte de todos los sectores de la sociedad; y las empresas tienen un papel muy importante que desempeñar en este propósito. Conseguir los ODS exigirá combinar el empuje del sector público, de las empresas, de los inversores y de la sociedad civil.

La actuación responsable de la empresa se fundamenta en los valores que promueve. Los Diez Principios del Pacto Mundial anclan la conducta de las empresas que los suscriben en el respeto a los derechos humanos, el compromiso de mantener condiciones de trabajo dignas, de proteger el medio ambiente y de evitar las prácticas corruptas. Cuando las empresas incorporan los principios del Pacto Mundial en su estrategia, y los ponen en práctica en sus procesos, además de cumplir con sus responsabilidades básicas ante las personas y el planeta, aumentan sus posibilidades de alcanzar el éxito a largo plazo.

En este sentido, no cabe duda de que la participación del sector privado en la implementación de la agenda del Desarrollo Sostenible, supondrá una gran oportunidad para las empresas con visión de futuro, dispuestas a aprovechar los nuevos negocios que se desarrollarán para hacerla realidad.

La Comisión Empresas y Desarrollo Sostenible (creada en Davos en enero de 2016), en su informe Valorando la recompensa de los ODS, cuantifica el valor de las oportunidades de negocio para el sector privado en cuatro áreas clave: alimentación, ciudades, energía y materiales, y salud y bienestar. “Podrían suponer más de 12 billones de dólares anuales para el sector privado, el año 2030 (cifra que representa el 10% del PIB mundial previsto para entonces). La inversión necesaria para realizar estas oportunidades es del orden de 4 billones de dólares anuales”.

En definitiva, el compromiso de las empresas con los ODS se fundamenta tanto en la responsabilidad como en la oportunidad de participar en los negocios que deben contribuir a su consecución.

Son tres los ámbitos de los ODS especialmente importantes para nuestro país.

El primero es el cambio climático y el medio ambiente. Los objetivos del Acuerdo de París suponen un gran reto para el sector energético español, que debe transformarse en un sector bajo en emisiones de carbono. Pero la transición energética alcanzará a prácticamente todos los sectores de la economía, ya que la descarbonización no solo precisa de nuevos modelos de producción de energía, sino también de cambios importantes en el uso que hacemos de ella. Y en todos los casos precisaremos de una regulación inteligente, que defina un marco estable y predecible para incentivar el esfuerzo inversor necesario para esta transición. El objetivo final es alcanzar un modelo energético basado en la eficiencia energética, en el ahorro y en la sustitución progresiva de combustibles fósiles por energía libre de emisiones, fundamentalmente a través de las energías renovables. En el debate sobre la transición energética se identificaron cuatro claves, imprescindibles para llevarla a cabo con éxito: una fiscalidad apropiada que implemente el principio “quien contamina paga”; un precio al carbono que incentive las inversiones en activos y proyectos de bajas emisiones; un mayor foco en la eficiencia energética, con especial atención a la edificación y a la movilidad en las ciudades; y, cómo no, la concienciación de los ciudadanos en su papel como consumidores de energía, productos y servicios. En esta hoja de ruta hacia una economía más sostenible, las decisiones individuales de todos y cada uno de nosotros serán claves para afrontar el mayor reto al que se enfrenta la humanidad en las próximas décadas.

El segundo es la innovación y desarrollo sostenible. Los ODS no se conseguirán sin modificar sustancialmente la forma de hacer las cosas. Hacer más con menos, uno de los retos claves que exige el desarrollo sostenible, solo se puede abordar desde el conocimiento, que es la base de la innovación, definida como todo cambio –no solo tecnológico- basado en el conocimiento –no solo científico- que genera valor –no solo económico. Se puso de manifiesto que, cuando surge la idea de un nuevo proceso o producto, tiene especial relevancia integrar desde el inicio los principios de la economía circular y atender a todo su ciclo de vida, previendo la reutilización o el reciclaje, según los casos.

La innovación social, el desarrollo de alianzas entre empresas, entidades del tercer sector y Administración Pública, es un motor fundamental del desarrollo sostenible. En este punto, se destacó la importancia de basarse en pruebas contrastadas, en evidencias, para que la toma de decisiones se fundamente en experiencias de éxito.

El tercero es el relacionado con empresa española. El 97 % de las empresas del Ibex 35 afirman tener presentes los ODS en su estrategia de negocio, es decir, que ya han trabajado la integración de los ODS en su empresa o planean hacerlo a corto plazo.

Los objetivos más trabajados por las empre­sas españolas coinciden en su mayoría con temáticas en las que el sector privado tiene experiencia previa. El ob­jetivo 8 (Trabajo decente y crecimiento eco­nómico), el objetivo 3 (Salud y bienestar), el objetivo 4 (Educación de calidad) y el objeti­vo 12 (Producción y consumo responsables) son los más citados por las empresas españolas en sus memorias de sostenibilidad, según datos de Glo­bal Compact. También se destacó la importancia de las políticas públicas para que la Agenda 2030 se materialice.

El objetivo 17 (Alianzas para lograr los objetivos) es primor­dial para el éxito de los ODS. En este contexto, es imprescindible la labor de las Administraciones Públicas, para que la Agenda 2030 se materialice. Crear los marcos normativos que aceleren la transición energética, promuevan la inclusión de los ODS en las agendas de las empresas y apoyen la innovación en sentido amplio, es un requisito para lograr la promesa de los ODS. Un mundo mejor y mucho más inclusivo para el año 2030.

Ángel Pes es presidente de la Red Española del Pacto Mundial, y Valentín Alfaya es presiente del Grupo Español de Crecimiento Verde.

Tribuna publicada en El País