Hemos vivido muchos años, y seguimos cogiendo recursos de la naturaleza, usándolos y tirándolos. Y ahora, años después estamos percibiendo con mucha claridad el daño que estamos causando al planeta…¡y a nosotros mismos!

El Ártico se contamina con nuestros insecticidas, los peces que nos comemos se han atiborrado de los plásticos que hemos arrojado, la pila gastada de la radio contamina el agua que beberá alguien, quizás nuestro propio hijo…Y así podríamos seguir enumerando los resultados de esta práctica nuestra de usar y tirar como desechos productos que son tóxicos para la naturaleza y, por consiguiente, para nosotros mismos.

El gran objetivo de nuestra generación, la gran meta ahora, es imitar a la naturaleza y lograr, como hace ella, que todos los residuos sean amigos de la vida y, además, que sean a la vez recursos para otros usos. No es tarea fácil. Se trata de hacer la transición lo más rápido posible a una economía circular. Una economía que rompa con la economía lineal actual, que ha inundado nuestro planeta y nuestras vidas de residuos tóxicos, y construya una nueva economía con un gran objetivo: cero residuos.

Construir esa nueva economía exige una revolución conceptual, tecnológica, legal y de valores…Y lo tenemos que hacer en poco tiempo.

"Construir esa nueva economía exige una revolución conceptual, tecnológica, legal y de valores…Y lo tenemos que hacer en poco tiempo."

Además tenemos que desarrollar varias estrategias a la vez:

• Gestionar adecuadamente los residuos que ya estamos gestionando, de manera que , en lo posible, sean recursos para otros usos.
• Alargar la vida de las cosas. Se debe acabar el usar una sola vez y tirar. Hay que reparar y reutilizar lo que tenemos. Las cosas pueden vivir más.
• Diseñar los objetos que producimos de modo y manera que los materiales que los componen no dañen a la  naturaleza al volver a ella y, además, que se puedan reparar con facilidad para facilitar su reutilización y, si es el caso, su reciclado.
• Innovar para crear materiales amigos de la vida, imitando a la naturaleza.

Durante años, henchidos de soberbia, hemos mirado a la naturaleza por encima del hombro. Pero la naturaleza, por muy vieja, ha resuelto con sabiduría y alta eficiencia el ciclo de la vida. Y ahora, con humildad, nos toca construir una nueva economía amiga de la biosfera. Nos toca imitarla y, de verdad, practicar la biomímesis, nos toca aprender de la naturaleza.

No va a ser una tarea fácil. De entrada tendremos que acabar con el estilo de “nuevos ricos” con el que hemos funcionado en las últimas décadas. Todo nuevo. Antes comprar un mueble nuevo que reparar el viejo. Antes volver a comprar un nuevo electrodoméstico que reparar el antiguo. Pero podemos inspirarnos en la autocontención y en la austeridad con la que en la España rural se vivió durante mucho tiempo. “Lo barato sale caro”, decían nuestros  abuelos. Algo muy parecido al conocido refrán inglés: “somos pobres para comprar barato”. Debe ser una tarea de todos. Las administraciones públicas porque deben marcar claramente el campo de juego económico y prohibir o penalizar la fabricación de productos que desde el principio están diseñados para que no se puedan reparar. Las empresas porque tienen que utilizar el poder de los negocios, como propugna el movimiento de las B Corporation, para resolver los problemas comunes y no para agravarlos, como sucede con frecuencia. Y la ciudadanía porque una economía circular nos exige a todos cambiar valores y hábitos.

Pero no debemos tener miedo al cambio. Hacer las paces con el planeta, reconciliar la economía y la ecología no solo será bueno para colibríes y luciérnagas, también será bueno para nosotros mismos.

Víctor Viñuales

Director Ejecutivo de Ecodes y Vicepresidente de la Red Española del Pacto Mundial