Nuestra generación vive un momento decisivo en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y el deterioro ambiental.

Como sociedad hemos comprendido que debemos modificar nuestro modelo de desarrollo hacia uno sostenible. Y existe una movilización sin precedentes a favor de un cambio desde todos los agentes públicos y privados.

La comunidad internacional, con la aprobación en 2015 del Acuerdo de París sobre cambio climático y la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, ha introducido una nueva gobernanza en el tablero de la geopolítica mundial aplicable a todos los países, que requiere de nuevas fórmulas de cooperación.

Ambos acuerdos están estrechamente relacionados: de los diecisiete ODS; siete tienen que ver directamente con el cambio climático y el medioambiente, y otros cinco se verán afectados irremediablemente por los impactos que el cambio global está ejerciendo en las zonas más vulnerables del planeta. Así, el Objetivo 13 se centra en la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. Efectos que ya se están produciendo y que irán en aumento si, según los compromisos asumidos por cada país en el Acuerdo de París, no adoptamos políticas y medidas que contribuyan a conseguir que el incremento medio de la temperatura no sobrepase el umbral de los 2°C ó el 1,5ºC respecto a la era preindustrial.

"El Objetivo 13 se centra en la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos"

Los gobiernos hemos dado una respuesta conjunta, indivisible y transversal apostando por un modelo innovador de desarrollo sostenible que requiere considerar tres dimensiones: económica, social y ambiental. Y va a demandar conocimiento, innovación tecnológica, y flujos de inversión.

El medioambiente se ha colocado en la primera línea de las agendas políticas, y ha superado su ámbito sectorial y público para dar paso a una nueva economía mundial. Los ODS y París son una clara llamada a que todos  participemos en las soluciones del nuevo modelo. El reto va más allá del esfuerzo individual de un gobierno y, por
ello, debe abordarse con la participación de todos: empresas, científicos, sociedad civil y administraciones.

Ahora es el momento de actuar e implementar los compromisos adquiridos. La adopción de acciones para combatir el cambio climático, orientando nuestros patrones de desarrollo hacia modelos de producción y consumo bajos en
CO2 para descarbonizar la economía, será la única manera de promover la paz, la prosperidad y el futuro sostenible de nuestras sociedades.

Nuestro país no sólo comparte, sino que quiere estar a la vanguardia de este compromiso. Por eso, en París, España se obligó a dotarse de su propio marco nacional, mediante una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que el Gobierno quiere hacer realidad en esta Legislatura.

Pero necesitamos más que nunca identificar ideas innovadoras, soluciones pioneras, nuevos modelos de negocio y partenariados. Para ello, esta innovadora y necesaria transformación deberá ser impulsada tanto desde el sector  público, como desde el sector privado y financiero. Los recursos financieros precisos se han estimado por encima del millón de millones de dólares al año.

Progresivamente, se está produciendo un importante cambio de mentalidad y de prioridades en el sector empresarial que, junto a los riesgos y amenazas que el cambio climático supone para una empresa y que, en consecuencia, conviene integrar en el balance, sabe aprovechar el factor positivo de las numerosas oportunidades de negocio
asociadas al cambio climático.

Asimismo, las inversiones en eficiencia, en mejoras tecnológicas se traducen en última instancia en ahorros, de modo que la apuesta por la acción temprana a favor de acciones que reduzcan nuestras emisiones contribuirá a una mayor
competitividad del sector empresarial. Este camino ya se ha iniciado; los nuevos flujos de inversión verde y la  creciente penetración de las energías limpias son buena prueba de ello.

No se trata de una misión imposible. España y la Unión Europa ya han probado que las políticas climáticas  funcionan. Además, la descarbonización de la economía ofrece oportunidades de creación de empleo que debemos aprovechar. Estudios recientes indican que hacia 2030 se podrían crear en el mundo del orden de 380 millones
de empleos verdes al año.

Por ello, hoy podemos afirmar con rotundidad que la disociación entre el crecimiento económico y el crecimiento de las emisiones no sólo es posible, sino que es una realidad.

Involucrando a los sectores clave hemos apostado, en definitiva, por dos políticas que van forzosamente unidas: la reducción de emisiones y el progreso hacia un nuevo modelo productivo y de consumo sostenible. Y éste es sin duda el camino a seguir.

Valvanera Ulargui

Directora general de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC)

 

Tribuna recogida en la publicación “ODS año 2. Análisis, tendencias y liderazgo empresarial en España”.