Debemos mirar con optimismo al futuro. Aunque aún queda camino por recorrer, la realidad es que cada vez más compañías apuestan, porque creen en ello, en la igualdad de género.

Citando palabras textuales de la página web ONU Mujeres:

“La Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (principal órgano internacional intergubernamental dedicado exclusivamente a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer) se reunió por primera vez en Lake Success, Nueva York, en febrero de 1947, poco después de la creación de las Naciones Unidas.”

Un hecho histórico que se dio no hace tanto tiempo gracias a pequeños pasos que lograron muchas mujeres antes de esa fecha. Mujeres como aquellas que en marzo de 1908 se declararon en huelga en una empresa textil de Nueva York, reclamando unas condiciones laborales más justas, y por las que hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer.

Desde aquellos dos momentos clave de la historia, la condición de la mujer en el ámbito laboral ha cambiado, en una parte importante del mundo. Afortunadamente cada vez más compañías entienden y trabajan para que la igualdad de género sea una realidad en su entorno, yendo más allá de lo que la normativa establece.

Este hecho es clave, porque la igualdad de género no es (solo) cuestión de normativa, es normalizar que hombres y mujeres tengan acceso a las mismas oportunidades laborales y de desarrollo, es crear políticas que permitan a ambos conciliar su vida personal con su vida laboral, es entender que no es el género de una persona lo que condiciona el estar en uno u otro puesto dentro de una empresa.

Aunque cada vez son más las compañías que creen en la igualdad de género y actúan en consecuencia, todavía queda camino por recorrer.

Desde las empresas, la implicación de la Dirección es fundamental para hacer visible ese compromiso en acciones concretas, que conozcan todos los empleados, y no solo en hacer diagnósticos y contar porcentajes, ya que hoy día se constata la desigualdad de género en los puestos que dirigen las empresas.

Por ejemplo, las organizaciones deben esforzarse en hacer que las mujeres en posiciones directivas sean referentes, y mostrarlas tal y como son, que compartan sus reflexiones, sus miedos, los obstáculos que han vivido durante su vida profesional, así como la forma en la que los han solucionado. Para las más jóvenes, conocer que sus directivas se han encontrado en dificultades similares a las que ahora ellas tienen en sus pensamientos es de enorme valor y animará a muchas a encaminar, con más criterio, su desarrollo profesional.

Debemos, además, continuar trabajando en programas específicos de empoderamiento para mujeres con potencial, diseñar sistemas de gestión del desempeño objetivos y mirar a la sociedad para acompañarla con políticas de flexibilización que posibiliten tanto hombres como mujeres tener una vida plena a nivel profesional y personal, sin tener que renunciar a una de las dos.

También es importante concebir esta labor no de forma aislada, en cada organización, sino dentro de un ecosistema, en el que, por supuesto está la empresa, con sus mujeres y hombres, en posiciones de dirección o no, las Comisiones de Igualdad en la que los representantes sindicales están presentes, también las organizaciones del tercer sector expertas en favorecer la integración laboral de las mujeres, las asociaciones que persiguen que la igualdad de oportunidades sea una realidad….

Y, por último, contar a nuestro entorno, a otras empresas, que apostando por la igualdad de género todos ganamos, los empleados y las compañías, porque se crea un entorno de confianza, en el que las personas dan lo mejor de sí mismas para que la empresa logre su propósito con responsabilidad.

 

Mireia García

Directora Corporativa de Recursos Humanos de Santalucía