Tengo la suerte de pertenecer a una entidad que apostó voluntariamente por la igualdad antes de la entrada en vigor de la ley en 2007. Así que la entrada en vigor de la normativa no fue sino un revulsivo para dar un impulso y procedimentar nuestras políticas, lo que nos ha permitido anteponer la convicción a la estética y avanzar continuamente en la implantación de medidas y buenas prácticas que no sólo han conseguido mejorar la presencia, carrera profesional y condiciones laborales de las mujeres en nuestro grupo, sino que han mejorado la propia organización. Y es que, personalmente, creo que la igualdad de oportunidades nos ofrece una magnífica oportunidad para repensar y optimizar nuestras políticas de gestión de personas.

No lo digo únicamente por el enfoque de diversidad, que en si mismo supone un salto en la gestión del talento, incrementando la creatividad y la productividad. Me refiero a todos los procesos de recursos humanos.

De esta forma, cobran un papel fundamental la meritocracia y la transparencia, tanto en la capacitación como en el desarrollo profesional y en las políticas de compensación, lo que nos permite mejorar la motivación y la implicación de las personas.

Desde luego, incide en los modelos de liderazgo, tanto por las habilidades y conocimientos necesarios para desarrollar equipos en un entorno de igualdad, como por todo lo que conlleva a la hora de realinear los valores de la organización con la propia gestión de equipos, reforzando la cultura empresarial.

Además, el despliegue de las acciones del plan de igualdad, la negociación e implantación de medidas, el rediseño de procesos y el desarrollo de nuevos proyectos, generan espacios de comunicación interna, participación e innovación transversales, que cohesionan y dinamizan las relaciones de las diferentes áreas o departamentos.

A la hora de destacar un impacto de todas estas buenas prácticas, entiendo que lo más relevante es el cambio en la forma de trabajar, donde las medidas de conciliación y flexibilidad han permitido acompañar perfectamente las necesidades de las personas, consiguiendo desde la confianza un mejor compromiso y un mayor rendimiento.

Para concluir, no quiero olvidarme de una cuestión importante. Y es que el círculo virtuoso de la igualdad de oportunidades culmina en un aspecto prioritario: nuestra responsabilidad social. A través de la sensibilización, formación y acciones positivas, y gracias a las medidas del plan de igualdad, de dentro hacia fuera, las más de 5.000 personas que trabajamos en nuestra entidad nos convertimos en cadena de transmisión hacia nuestro entorno familiar y social de la cultura de la corresponsabilidad, equidad, cooperación, conciliación… aportando nuestro particular granito de arena a una sociedad en la que todos queremos alcanzar la igualdad, si bien el punto de partida dificulta que, sin hacer esfuerzos y solidarizar los avances, podamos conseguirlo de forma natural en el corto plazo.

 

Francisco Javier Rodríguez Jurado

Director General de Recursos Humanos del Banco de Crédito Social Cooperativo