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  1. Los 10 principios

Principio 8: Las empresas deben fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental

Los antecedentes

La Cumbre del Planeta de Río celebrada en 1992 ha actuado como una ‘llamada de atención para muchos sectores de la sociedad, siendo uno de ellos el sector empresarial.

Por vez primera un grupo de accionistas se reunió para debatir las dificultades planteadas por los modelos de industrialización, el crecimiento de la población y los desequilibrios sociales del mundo.

La conferencia puso de relieve la fragilidad real del planeta y, en particular, centró la atención sobre tres puntos:

  • El daño que se está produciendo a muchos ecosistemas naturales.
  • La amenazada capacidad del planeta para sostener la vida en el futuro, y
  • Nuestra limitada capacidad para sostener el desarrollo económico y social a largo plazo.

El mensaje lanzado a las empresas se recogió en el Capítulo 30 de la Agenda 21 en el que se ahonda en la función que desempeñan las empresas y la industria en la agenda de temas para el desarrollo sostenible y se presentan unas directrices generales de lo que la responsabilidad medioambiental debe significar para las empresas.

“La gestión responsable y ética de los productos y los procesos de fabricación desde el punto de vista de la salud, la seguridad y el medioambiente. Hacia este fin, las empresas y la industria deben encaminar sus medidas autorreguladoras, orientándose hacia la aplicación de los códigos adecuados, los permisos y las iniciativas integradas en todos los estamentos de la planificación empresarial y la toma de decisiones y fomentando la apertura y el diálogo con los empleados y con el público” (30.26)

“A fin de proteger el medioambiente, el enfoque preventivo deberá ser aplicado por cada uno de los estados en función de sus posibilidades. Cuando exista la amenaza de que se produzcan daños serios o irreversibles, no se podrá alegar falta de conocimientos científicos como razón para aplazar la adopción de medidas eficaces que impidan la degradación medioambiental.”

En los diez años posteriores a “Río” no se ha aligerado el imperativo de que las empresas realicen sus actividades de una manera responsable con el medioambiente. Por el contrario, tal como indican recientes análisis sobre el “estado del planeta”, a pesar de los progresos realizados en algunas áreas (por ejemplo en el agotamiento del ozono, la contaminación atmosférica en muchas regiones desarrolladas o los avances hacia la reducción del efecto de gases invernadero en virtud del Protocolo de Kioto) las tendencias globales son negativas y todavía queda mucho trabajo por hacer.

Los científicos y los expertos informan sobre las tendencias globales adversas que ponen en peligro no sólo los aspectos vitales de nuestros sistemas de vida sino también los cimientos de nuestro sistema de desarrollo social.

Dado el papel cada vez más importante que desempeña el sector privado en las cuestiones de gobierno mundial, el público demanda que las empresas desarrollen sus actividades de una manera que no sólo se traduzca en una mayor prosperidad económica y favorezca la justicia social, sino que también garantice la protección ambiental en las regiones y los países donde están radicados. Mediante el Principio 8, el Pacto Mundial facilita un marco de referencia para que las empresas afronten algunos de los retos clave planteados diez años atrás.

Hacia una práctica empresarial medioambientalmente responsable

Las empresas ganan legitimidad cuando satisfacen las demandas de la sociedad y cada vez más la sociedad expresa una necesidad clara de desarrollar prácticas medioambientalmente sostenibles.

Una de las formas que tienen las empresas para demostrar su compromiso hacia una mayor responsabilidad medioambiental es el desplazamiento de su modus operandi desde los así llamados “métodos tradicionales” hacia los enfoques más responsables a la hora de plantear las cuestiones medioambientales:

  • Uso de recursos ineficientes
  • Productividad de recursos
  • Tecnología punta
  • Producción más limpia
  • Relaciones públicas
  • Gobierno corporativo
  • Defensiva Proactiva
  • Sistemas de gestión
  • Ciclo vital
  • Diseño empresarial
  • Una forma
  • Comunicación pasiva
  • Accionistas múltiples
  • Diálogo activo

Un cambio de este tipo en la estrategia empresarial conlleva una serie de beneficios. En la División de Tecnología, Industria y Economía del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP-DTIE) se señalan las siguientes razones por las cuales una empresa debería valorar la mejora de su enfoque medioambiental:

  • La aplicación de una producción más limpia y ecológica conduce a una mejora en la productividad de los recursos.
  • Los nuevos instrumentos económicos (impuestos, cargas, permisos comerciales) recompensan a las empresas que actúan con conciencia ecológica.
  • Las regulaciones de protección medioambiental se endurecen.
  • Las aseguradoras prefieren asegurar a empresas ecológicas que plantean un riesgo inferior.
  • Los bancos prefieren dar créditos a las empresas cuyas actividades no carguen al banco con demandas judiciales por infringir el derecho medioambiental o ingentes gastos para labores de limpieza.
  • La gerencia de orientación medioambiental ejerce un efecto positivo sobre la imagen de una empresa.
  • Los empleados prefieren trabajar en una empresa ecológicamente responsable (este tipo de empresa también ofrece al buen trabajador medidas de higiene y seguridad en el trabajo)
  • La contaminación medioambiental es una amenaza para la salud humana.
  • Los clientes demandan productos más limpios.

Sin embargo, una vez que la empresa ha decidido adoptar una política corporativa más responsable respecto al medio ambiente ¿qué iniciativas necesita adoptar?.

Los 7 elementos clave que contribuyen a mejorar la responsabilidad medioambiental son los siguientes:

  • Aplicación de un enfoque preventivo.
  • Adopción de las mismas exigencias operativas independientemente de la localización de las actividades.
  • Garantizar la gestión medioambiental a lo largo de toda la cadena de suministros.
  • Facilidades para la compra de tecnología.
  • Profundización del conocimiento del medio ambiente en las localizaciones de la empresa.
  • Diálogo con la comunidad local y
  • Reparto equitativo de los beneficios.

Y a fin de precisar estos conceptos convirtiéndolos en medidas de responsabilidad medioambiental, una empresa puede optar por:

  • Implementar la Declaración Internacional sobre Producción Limpia
  • Trabajar con proveedores que mejoren su comportamiento medioambiental (gestión de la cadena de suministros)
  • Redefinición de las estrategias de la empresa y de su política para incluir la “triple entente” del desarrollo sostenible: prosperidad económica, calidad medioambiental y justicia social.
  • Establecer objetivos cuantificables.
  • Desarrollar indicadores de sostenibilidad (económicos, ambientales, sociales)
  • Cuantificación, seguimiento e información sobre progresos realizados en la incorporación de principios de sostenibilidad a las prácticas empresariales, incluyendo la denuncia por infringir las normativas de operación estándar.
  • Adoptar principios y códigos de conducta voluntarios y códigos de prácticas en las iniciativas globales y sectoriales, y
  • Garantizar la transparencia y el diálogo imparcial con los individuos e instituciones interesados.
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