El siguiente es un artículo de Lise Kingo, CEO y Directora Ejecutiva del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, publicado originalmente en GreenBiz el 6 de diciembre de 2018.

El 10 de diciembre de 2018, el mundo celebró el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. La Declaración Universal fue elaborada en un momento en que los horrores causados por el hombre de la Segunda Guerra Mundial todavía estaban recientes en las mentes de los líderes mundiales. Setenta años después, los derechos enunciados en ese documento se enfrentan a una nueva amenaza de origen humano a escala mundial: el cambio climático.

"El cambio climático amenaza no sólo los derechos individuales, sino también los cimientos necesarios para que las personas y las comunidades sobrevivan y prosperen."

En el último año hemos sido testigos de los catastróficos efectos del cambio climático, un fenómeno en el que los que menos han contribuido a él son también los que sufren sus daños de manera más desproporcionada. Desde los incendios forestales en Grecia y los Estados Unidos hasta las inundaciones en Japón y Nigeria, pasando por una ola de calor en Pakistán y los deslizamientos de tierra en la India, 2018 ha sido un año de pérdidas devastadoras de vidas y desplazamientos debidos a desastres naturales influenciados por el calentamiento global o exacerbados por éste.

Los derechos enunciados en la Declaración Universal son sencillos y a la vez amplios, y abarcan, por ejemplo, el derecho a la vida, el derecho al trabajo y el derecho a un nivel de vida adecuado, incluidos la alimentación y la vivienda. La Declaración establece el marco esencial necesario para la dignidad humana. Por el contrario, el cambio climático amenaza no sólo los derechos individuales, sino también los cimientos necesarios para que las personas y las comunidades sobrevivan y prosperen.

Las empresas de todo el mundo están haciendo frente al desafío de construir una economía baja en carbono. Miles de personas se han comprometido con el Acuerdo de París sobre el Clima, y cientos de ellas han establecido objetivos de base científica en consonancia con dicho acuerdo. Pero no debemos apagar el fuego sin hacer caso omiso de las personas afectadas. A medida que las empresas aceleran la acción sobre el cambio climático, sigue siendo vital que dicha acción se base en el respeto y el apoyo a los derechos humanos.

El cambio climático, junto con las medidas que tomamos para combatirlo, está transformando fundamentalmente nuestra forma de vivir y trabajar. A pesar de que las oportunidades de empleos verdes continúan aumentando, otros individuos e incluso comunidades enteras están luchando contra el ritmo acelerado del cambio. Estamos en riesgo de agravar la pobreza y la desigualdad si no buscamos construir un futuro bajo en carbono que funcione para todos nosotros. Por otro lado, este momento de enormes cambios también nos brinda la oportunidad de construir un futuro que sea bueno para el medio ambiente, la economía y la sociedad al mismo tiempo, el mundo previsto en la Agenda de Desarrollo Sostenible para 2030.

Una agenda claramente basada en los derechos humanos, la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible iluminan el camino a seguir para crear el mundo que todos queremos. Y si bien el Objetivo 13 se refiere específicamente a la acción contra el cambio climático, la interconexión de estos Objetivos Mundiales pone de relieve la forma en que un planeta sano también conduce a comunidades prósperas y a una economía inclusiva. Sin embargo, la urgencia del cambio climático, como lo demuestra el último informe del IPCC, entre muchos otros, ha puesto el Objetivo 13, junto con el Acuerdo de París, en el centro de atención.

Pero el respeto de los derechos humanos no significa ralentizar nuestras acciones para combatir el cambio climático. En todo caso, es esencial que avancemos aún más rápido hacia una economía de carbono cero: como ha observado la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), "los impactos negativos del cambio climático son desproporcionadamente soportados por personas y comunidades que ya se encuentran en situaciones desventajosas debido a la geografía, la pobreza, el género, la edad, la discapacidad, el origen cultural o étnico, entre otros factores, que históricamente han contribuido menos a las emisiones de gases de efecto invernadero".

Hay muchos ejemplos en los que el sector privado ya está tomando medidas inspiradoras en relación con el cambio climático, pero el logro de una transición climática justa también requiere el respeto de los derechos de las personas, como las comunidades que se enfrentan a la inseguridad energética y las comunidades locales desplazadas por los proyectos de energía renovable. La integración activa de este tipo de consideraciones interconectadas en la toma de decisiones y en la estrategia corporativa será fundamental para la salud del planeta a largo plazo, lo que en última instancia es bueno tanto para la sociedad como para las empresas.

Ayudar a las empresas a traducir los derechos humanos de la política a la práctica ha sido fundamental para el trabajo del Pacto Mundial de las Naciones Unidas desde su creación en el año 2000. Y en 2018, las Redes Locales del Pacto Mundial han seguido abogando para que los líderes empresariales defiendan los derechos humanos a través de la promoción de la adopción de los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos y la convocatoria de Mesas Redondas de Directores Ejecutivos centradas en los derechos humanos en todo el mundo, desde Argentina y Turquía, hasta Polonia y Estados Unidos.

En 2019, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, convocará una Cumbre del Clima para elevar la ambición de combatir el cambio climático desde todos los sectores de la sociedad. En este viaje, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas mantiene su compromiso de trabajar con las empresas de todo el mundo para adoptar un enfoque de la acción climática basado en principios.

El reto para las empresas ahora es crear el impulso para poner los principios universales de derechos humanos en el centro de sus estrategias de acción climática. Hace setenta años, la Declaración Universal estableció una visión ambiciosa para el futuro. Hoy en día, los Objetivos de Desarrollo Sostenible buscan hacer realidad esa visión. Es hora de que todas las partes interesadas lleven la antorcha y contribuyan a la realización de esa visión, tanto para las personas como para el planeta.