“Las empresas tienen un papel esencial que desempeñar en la transición hacia la sostenibilidad”, reconoce expresamente la Comisión Europea en su última publicación, en la que dedica gran protagonismo a explicar tres posibles escenarios de implantación de los ODS en las agendas políticas y que también recoge análisis y casos de éxito en 17 capítulos, uno por ODS. El sector privado se verá en este documento interpelado a actuar con más incidencia en los ODS 9 (innovación) y 17 (alianzas), pero también se le reconoce que, en el ámbito medioambiental, “nuestras empresas están ya a la vanguardia en comparación con sus competidores mundiales”. Pero no deja de afirmar que hay mucho margen de actuación.

El pasado 30 de enero, la Comisión Europea hizo público el documento de reflexión Hacia una Europa sostenible en 2030, que se presenta como un primer paso para una futura estrategia europea de aplicación global de la Agenda 2030 y donde se encuentran alusiones claras al papel que las empresas podrían jugar en la misma.

Para trabajar sobre las prioridades marcadas, la UE menciona en el documento los llamados instrumentos horizontales, áreas de acción que pueden acelerar la transición hacia la sostenibilidad en la región. Algunos de los propuestos están muy relacionados con el sector empresarial como la tecnología, la innovación y la digitalización y otros hacen alusión directa a las empresas, como la responsabilidad social y los nuevos modelos de negocio. La Comisión prevé otorgar un papel vital a las empresas, al considerar su alta capacidad de impacto y sus esfuerzos en rendición de cuentas, como demuestra el hecho de que en 2017 el 78% de las principales empresas del mundo ya incluyeron criterios de responsabilidad social en sus informes anuales[1].

Entre las principales medidas que contempla la UE se encuentra la adopción de incentivos para aquellas empresas que integren los Objetivos de Desarrollo Sostenible en sus actividades, el fomento de estándares empresariales de conducta como los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos o el impulso de empresas y emprendedores sociales.  Además, el informe saca a relucir importantes oportunidades para los mercados:  la economía circular puede generar un beneficio económico neto de 1,8 billones de euros en la región y crear más de un millón de nuevos puestos de trabajo hasta 2030; o las energías renovables, que pueden propiciar la creación de 900.000 puestos de trabajo hasta el mismo año.

La RSE como oportunidad

La aplicación de la estrategia de responsabilidad social de las empresas se relaciona directamente al ODS 9 de innovación e infraestructuras y al 17 de las alianzas para el desarrollo. La UE vincula la innovación y las alianzas público-privadas, dentro de su análisis DAFO, como una de las oportunidades y fuerzas positivas para el cambio de aquí a 2030.

También se citan ejemplos europeos de éxito y potencialidad en los Objetivos 4, 10, 12 o 16. Según los análisis de la Red Española del Pacto Mundial, en España el ODS 9 es más trabajado por las empresas del Ibex 35 que por el resto del tejido empresarial. Sin embargo, el ODS 17 no es uno de los más trabajados, pues sólo un 24% de las empresas españolas adheridas al Pacto Mundial lo señalan entre sus prioridades.

“No obstante, es evidente que hay margen para hacer más a todos los niveles. A nivel de la UE, trabajando para desarrollar una serie de medidas y soluciones concretas con las que pueda fomentarse una conducta empresarial más sostenible que arroje más resultados y refuerce la competitividad de las empresas en este ámbito”, reconoce la Comisión.

Dentro del apartado sobre I+D la Comisión recuerda que “el Consejo Europeo de la Innovación recientemente propuesto también puede ayudar en este sentido, prestando apoyo de alto nivel a los innovadores, a las empresas de nueva creación, las pequeñas empresas y los investigadores”. Como deberes futuros, incluye que “la UE y sus Estados miembros también deben fomentar unos vínculos más fuertes entre los investigadores y las empresas” como clave para apoyar la innovación y el desarrollo sostenible. Y en este punto no se olvida del gap existente entre grandes y pequeñas empresas: “mientras que las grandes empresas pueden disponer de los medios para desarrollar actividades de investigación propias, no es éste el caso a menudo de las pequeñas y medianas empresas. Unos vínculos más fuertes y directos con la comunidad investigadora pueden cerrar esta brecha.”

Tampoco se olvida Europa de enviar un claro mensaje de atención sobre las cadenas de suministro, en un empeño de alcanzar una Europa sostenible dentro de un mundo sostenible: “dada la creciente complejidad y globalización de las cadenas de suministro, es importante promover la aplicación de normas de elevada sostenibilidad también en los terceros países. Las prácticas empresariales, los modelos de consumo y producción de las empresas y los consumidores de la UE no deben contribuir indirectamente a violaciones de los derechos humanos o a la degradación del medioambiente en el mundo”. Punto en el que se recuerda que “La UE ha aplicado también nuevos criterios ambientales y sociales en su legislación en materia de contratación pública para animar a las empresas a desarrollar productos y servicios socialmente responsables”.

Retos que reclaman una acción conjunta en todos los niveles

Desde el punto de vista del organismo, los principales retos a los que nos enfrentamos con un enfoque comunitario son: la economía circular, la producción de alimentos, la edificación y la movilidad sostenibles y la transición justa. Dentro de los medios para conseguirlos, se cita como un factor esencial la RSE: “la creación de empresas responsables desde los puntos de vista social y medioambiental puede generar beneficios y un crecimiento más sostenibles, nuevas oportunidades de mercado y un valor a largo plazo para los accionistas”. En un sentido similar, la Comisión insta a apostar por un comercio abierto y basado en “normas acordes a los ODS donde los intercambios comerciales beneficien a todos”.

La lucha contra el cambio climático también se afianza en la agenda europea, con ámbitos como las energías renovables, la movilidad sostenible y la eficiencia energética en edificios, objetivos identificados como altamente relevantes: en la UE, solo el transporte representa el 27% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Por supuesto, el papel de las empresas es, también, muy relevante y Europa contempla enviar  una señal a las empresas para que inviertan en transporte limpio.

Para superar estos retos, el llamamiento es claro: “los ciudadanos, las empresas, los interlocutores sociales y la comunidad de investigación y conocimiento tendrán que colaborar. La UE y sus Estados miembros deberán cooperar con sus socios internacionales. Si queremos tener éxito, debemos empujar en la misma dirección a todos los niveles”.

La Comisión anima a la sociedad civil, el sector privado y el mundo académico a “participar en el diálogo y las medidas de aplicación.” Y da su beneplácito a que podrían fomentarse asociaciones de múltiples partes interesadas para abordar la interdependencia entre los diferentes ODS, pero no especifica en qué manera.

Tres posibles escenarios de diferente calado y ambición política

El documento dibuja tres escenarios posibles que son, para el órgano europeo, maneras en que la UE y sus Estados miembros “pueden liderar la transición hacia la sostenibilidad en beneficio de todos y sobre cómo puede avanzar Europa en el cumplimiento de los ODS”. Aunque la idea de la Comisión es que “estos escenarios no son ni prescriptivos ni restrictivos. Su objetivo es ofrecer diferentes ideas y estimular el debate y la reflexión. El resultado podría ser una combinación de ciertos elementos de cada uno de ellos”.

Cristina Gallach, Alta Comisionada para la Agenda 2030 en España, que lideró la presentación pública de este documento en Madrid, abogó por lograr el primero de ellos, el más transformador: alcanzar una estrategia general de la UE en materia de ODS que oriente la actuación de la UE y sus estados miembros. Es decir, convertir la Agenda 2030 y los ODS en la brújula  de Europa y sus estados.

El segundo escenario es aquel donde se da una integración continua de los ODS en todas las políticas de la UE que partan de la Comisión, pero sin obligar a la actuación de los estados miembros. El tercero de ellos se limitaría a poner mayor énfasis en la acción exterior al mismo tiempo que se consolida la ambición actual de sostenibilidad a nivel de la UE.

El mensaje de la UE es claro: no afrontar los retos que trae consigo la transición hacia la sostenibilidad puede traducirse en la pérdida de competitividad de los mercados y empresas europeas, y, por el contrario, implicarse en esta transformación puede no solo salvar al planeta, sino también acelerar y fortalecer la economía de la región.

 

[1] KPMG Encuesta de información sobre responsabilidad corporativa 2017 “El camino a seguir”