El siguiente es un artículo de Lise Kingo, CEO y Directora Ejecutiva del Pacto Mundial de Naciones Unidas, publicado originalmente en GreenBiz el 2 de abril de 2019.

A casi cuatro años de la aprobación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, es evidente que las acciones que estamos llevando a cabo no son lo suficientemente transformadoras ni a la escala y al ritmo que son necesarios para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y, de hecho, en algunas áreas críticas estamos retrocediendo.

Si tomamos como ejemplo el empoderamiento de las mujeres, estamos a 202 años de lograr la igualdad de género, y la brecha sigue creciendo. Esta lamentable situación es una oportunidad perdida. Las mujeres, sus familias, las comunidades locales, las economías y el mundo salen perdiendo. De hecho, el empoderamiento de las mujeres podría incrementar el PIB mundial en 28 billones de dólares para 2025.

Si hablamos de financiación, se ha estimado que para alcanzar los ODS en 2030 se necesitarán entre 5 y 7 billones de dólares de inversiones anuales. Esto nos deja con un déficit de financiación de entre 2,5 y 3 billones de dólares anuales, y por cada año que no le hacemos frente, la cantidad aumenta.

En este sentido, no debemos confundir el desarrollo sostenible con la ayuda al desarrollo. En 2017, la asistencia oficial para el desarrollo proporcionada por los organismos gubernamentales de «ayuda» ascendió a unos 147.000 millones de dólares. Estos son los fondos que ayudan a aliviar el sufrimiento humano, combatir los brotes de enfermedades y prevenir la hambruna. Pero no pueden -y no deben- abordar todas las problemáticas por si solos.

Entonces, ¿quién tiene la capacidad de financiar el desarrollo sostenible? Es evidente que los gobiernos no tienen la cantidad de dinero suficiente para ello y que se necesita la ayuda de otros sectores como el privado. Sin embargo, existe un concepto colectivo erróneo sobre cómo este último puede abordar esta brecha de financiación.

En primer lugar, hay poner las cifras en perspectiva. El año pasado, el PIB mundial total fue de 75 billones de dólares. Esto significa que la alineación con los ODS de sólo el tres por ciento de la producción económica mundial cubriría el déficit estimado. Y si pudiéramos invertir en la consecución de los ODS tan sólo el uno por ciento de los activos de riqueza disponibles (según Credit Suisse, esto supuso 280 billones de dólares en 2017), seríamos capaces de cerrar la brecha.

Creando puntos de inflexión para financiar los ODS

Pero no hay que menospreciar el importante desafío que presenta la financiación de los ODS. Necesitamos repensar nuestras economías y sus estructuras de incentivos en los niveles más básicos. En el mundo actual, donde los recursos naturales son escasos y nuestros sistemas terrestres están bajo una presión creciente, el crecimiento económico en detrimento de nuestros bienes comunes globales ya no es un modelo de negocio aceptable.

Las empresas con visión de futuro se están aferrando a esta forma de pensar. Un ejemplo lo podemos encontrar en las más de 1.400 empresas multinacionales que han establecido un precio interno del carbono que da un valor monetario a las emisiones de gases de efecto invernadero que las compañías pueden tener en cuenta en sus decisiones de inversión y operaciones comerciales.

Cerrar la brecha de financiación para los ODS es realmente una cuestión de desbloquear las oportunidades económicas. La lucha contra el cambio climático podría abrir una oportunidad de inversión de 23 billones de dólares para 2030 sólo en los mercados emergentes.

La verdad es que las empresas sostenibles son un buen negocio. Informe tras informe se proporcionan pruebas irrefutables de que las empresas que ofrecen valor total para las personas, el planeta y los beneficios superan de forma significativa a sus competidores y ofrecen mayores márgenes.

El valor económico de los negocios sostenibles ha llamado ahora la atención de los inversores y de los gestores de activos. Los inversores demandan cada vez más información sobre los impactos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) de sus inversiones. BlackRock, por ejemplo, estableció el año pasado una gama de fondos sostenibles cotizados en bolsa (ETFs) en respuesta a esta demanda.

De manera significativa, BlackRock anunció que ahora indican qué porcentaje de emisores dentro de cada ETF están violando los Diez Principios del Pacto Mundial de Naciones Unidas como un componente central de sus declaraciones de ESG. Ésta es una muy buena noticia, ya que demuestra que los principios realmente cuentan.

Estas iniciativas de BlackRock, BNY Mellon y otros gestores de activos tienen el potencial de integrar las finanzas sostenibles e impulsar cambios de comportamiento dentro y fuera del sector de la inversión. Las empresas en las que invierten tendrán un fuerte incentivo para reforzar la transparencia de su ESG. Y los inversores individuales tendrán acceso a información relevante, lo que les permitirá realizar inversiones al tiempo que se aseguran de que ayudan a financiar y dar forma al mundo que desean.

Una llamada a la acción

El Pacto Mundial de las Naciones Unidas está trabajando para ofrecer a las empresas una forma clara de contribuir a la Agenda 2030. En el centro de nuestro esfuerzo está la integración de los ODS en la estrategia corporativa, lo que permite a las empresas tener en cuenta su impacto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A parte de esto, a través de nuestra Plataforma de Acción para la Innovación Financiera de los ODS, estamos trabajando con las empresas para:

  1. Explorar los bonos de financiación de ODS para hacer frente al déficit: Basándose en el surgimiento de un mercado de bonos verdes de 173.000 millones de dólares, otros bonos relacionados con la sostenibilidad como los bonos de agua y los bonos sociales, están creciendo. Ejemplo de ello son los Bonos de Igualdad de Género de QBE Insurance lanzados en 2017. Las empresas emisoras de estos bonos relacionados los ODS deberían considerar la posibilidad de sacar partido a este mercado considerando que los inversores institucionales continúan ampliando sus carteras de inversión sostenible.
  1. Aplicar un enfoque de ODS a las inversiones de los fondos de pensiones corporativos: Las empresas tienen una influencia significativa como patrocinadoras de planes de pensiones corporativos. Estos planes, valorados en unos 19 billones de dólares en todo el mundo, pueden desempeñar un papel importante para que los empleados puedan invertir sus ahorros en la creación de un mundo más sostenible. Muchos de estos fondos de pensiones aún no han adoptado estrategias de ESG. Además, la inversión responsable también puede suponer una oportunidad para las compañías ya que aumenta la credibilidad de la empresa patrocinadora y puede mejorar la retención de los empleados.
  1. Adoptar un enfoque de ODS con las Inversiones Directas Extranjeras: Los CEOs reconocen que la financiación de los ODS no sólo es relevante para los inversores y los funcionarios de sostenibilidad. A través de sus inversiones extranjeras directas (IED), las empresas pueden realizar importantes asignaciones de capital que generen impactos sociales y ambientales positivos. En concreto, se calcula que las corrientes mundiales de IED ascendieron a un total de 1,2 billones de dólares en 2018.

Estos tres pasos constituyen una llamada a la acción para que las empresas comiencen a trabajar hoy mismo en la Agenda 2030. Gracias a los nuevos productos y servicios financieros, los inversores de todo el mundo tienen ahora la oportunidad de mejorar su rendimiento financiero a la vez que invierten en que los ODS tengan un mayor impacto en las personas y el planeta.