Desde 1979, cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, una celebración promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con el objetivo de disminuir el hambre en el mundo, propósito que también busca la Agenda 2030 con su meta de hambre cero.

En este marco, cobra cada vez más importancia una significativa contradicción que preocupa a todos los niveles y en todos los ámbitos: el desperdicio de alimentos. Se estima que un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician. En un mundo en el que casi mil millones de personas pasan hambre, esto es inaceptable… 

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es fundamental para crear un mundo Hambre Cero y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 2 (Hambre Cero) y el ODS 12 (Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles).

Con este objetivo, el pasado 26 de septiembre se celebraba en Madrid la 7ª edición del Punto de Encuentro contra el Desperdicio Alimentario, un evento organizado por AECOC a través del Comité de Desperdicio Alimentario, que preside Carmen Cobián, Relaciones Institucionales de Cerealto Siro Foods.

El acto logró reunir a más de 300 asistentes de empresas, administraciones, instituciones públicas y privadas y ONGs, lo que evidencia que cada vez estamos más concienciados con el problema del desperdicio y que iniciativas como esta nos demuestran la importancia de la colaboración público-privada para abordarlo.

Ambas son buenas noticias. Sin embargo, los últimos datos de la FAO, alertan de que “siel desperdicio alimentario fuese un país, sería el 3º del mundo que más gases de efecto invernadero produciría”,lo que pone de relieve que se trata no solo de un problema ético, económico y social, sino también y, muy especialmente, medioambiental. Un problema que no puede, por tanto, abordarse como un hecho aislado, sino que debe hacerse en interconexión con otras problemáticas, como el cambio climático, las emisiones de CO2, el consumo de agua, la seguridad alimentaria, la biodiversidad… Porque, en definitiva, todo está interrelacionado y todo tiene un denominador común: la Sostenibilidad. Las soluciones, también.

Es necesario, además, como indicaba, vincular la lucha contra el desperdicio alimentario con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pues es innegable que la reducción del desperdicio juega un papel fundamental en la consecución de los ODS. En concreto, en el ODS 12, enfocado a la producción y el consumo responsables, y en una de sus metas, la 12.3: reducir a la mitad la pérdida y desperdicio de alimentos para 2030.

Este ODS 12 es uno de los más transversales de la Agenda 2030 y también uno de los más importantes para los países más desarrollados, ya que persigue una transición de los modelos económicos, productivos y de consumo hacia la sostenibilidad. Por ello, podemos afirmar con rotundidad que “reducir el desperdicio de alimentos es un objetivo en sí mismo y un medio muy potente para lograr otros ODS de la Agenda 2030”.

Y, por eso, también son fundamentales el papel que desempeñamos todos los actores de la cadena de valor y la sensibilización social, para lograr generar cambios estructurales en los patrones de producción y consumo, buscando que, tanto la demanda como la oferta, se orienten hacia productos y servicios que tengan el menor impacto ambiental.

Quiero terminar con un mensaje positivo y esperanzador: reducir el desperdicio de alimentos es uno de los pocos hábitos personales con los que los consumidores pueden/podemos ayudar al planeta. En este sentido, desde la administración, empresas, ONGs o a través de iniciativas como “La alimentación no tiene desperdicio”, puesta en marcha por AECOC en 2012 que hoy secundamos más de 500 compañías de gran consumo, debemos contribuir a poner en valor los alimentos entre los consumidores. Esta es, sin duda, una gran palanca para luchar contra el desperdicio y avanzar, entre todos, hacia un futuro mejor y más sostenible.

Porque el desperdicio alimentario es un problema de todos, pero todos somos la solución. En nuestra mano está dar los pasos adecuados.

Carmen Cobián, RRII en Cerealto Siro Foods