Un crucero podría definirse como un trayecto marítimo que sale y regresa al mismo puerto, con paradas en diferentes destinos y en el que los viajeros disfrutan de servicios de ocio y recreo tanto a bordo como durante las paradas en tierra.

Desde el punto de vista del impacto, vemos tres puntos clave: el barco, la travesía y las escalas en los diferentes destinos.

Si nos centramos en este último punto, es necesario analizar primero el impacto global de este modelo de turismo. Según datos de la Asociación Internacional de Empresas de Cruceros (CLIA), este sector movilizó, en 2017, 26,7 millones de pasajeros y 28,2 durante el 2018. Teniendo en cuenta estos datos y las expectativas de crecimiento para los próximos años – en 2019 se estima crecerá hasta los 30 millones de pasajeros – es importante analizar el impacto que este tipo de turismo tiene y tendrá en los destinos que visita.

Impacto económico:

Por una parte, tenemos los impactos directos, como los gastos de estancia en los puertos para las empresas navieras y las consignatarias; los gastos de los turistas de crucero y de la tripulación en el destino; o la inversión pública en infraestructuras y, por otra, los impactos indirectos como puede ser el incremento de consumo y oferta de empleo en el sector servicios necesaria para cubrir la demanda producida por este sector.

Según CLIA durante el 2017 el sector del turismo de cruceros creó 1.108.676 puestos de trabajo, pagó 45.600 millones de dólares en sueldos y salarios y tuvo un impacto global de 134 mil millones de dólares.

Si nos centramos en el impacto del turismo de cruceros en España, se estima que el 11% de los turistas que nos visitan proceden de cruceros y, según el Ministerio de Fomento y datos de Puertos del Estado, en 2017, 1.255 millones de euros se ingresaron en nuestro país provenientes del turismo de cruceros, 0,11% del total del PIB nacional.

Impacto Sociocultural:

La relación entre el turismo de cruceros y las comunidades locales que visitan es compleja y se pueden identificar consecuencias positivas y negativas en el ámbito social, según el grado de interacción que se produce entre crucerista, territorio y población anfitriona.

En el caso del turismo de cruceros, las visitas a los territorios se reducen a unas pocas horas, con lo que no se puede lograr más que un conocimiento anecdótico y estereotipado de la realidad local. 

Por otro lado, dada la concentración de este tipo de turistas – al llegar varios miles a la vez – se provoca una sensación de congestión en los destinos visitados, en muchos casos, para disgusto de los residentes, que relacionan a los cruceros con el fenómeno denominado “overtourism”. En realidad, estos turistas suponen un porcentaje reducido del total de visitas. Por ejemplo, en Palma de Mallorca, suponen, menos del 2% del total, lo que hace cuestionarse entonces las razones por las que se culpa a este sector como responsable de la masificación turística.

Impacto sobre el territorio:

El simple hecho de que un territorio se convierta en destino receptor de cruceros ya tiene un impacto en dicho territorio y en sus comunidades que puede verse en ámbitos como la construcción o modificación de infraestructuras.

Cuando un buque navega, se aproxima a un destino y llega a puerto, provoca alteraciones del medio acuático, atmosférico y sonoro que pueden verse reflejadas en una degradación de los mismos.

Por ejemplo, la contaminación del agua por el vertido de aguas residuales y de lastre afecta al ecosistema y a las especies marinas que lo habitan. Para evitarlo, existen nuevas tecnologías para el tratamiento de las aguas a bordo e, incluso, la Organización Marítima Internacional (OMI) ha identificado zonas de riesgo, llamadas PSSA (Particular Sensitive Sea Areas), en las que se aplica una normativa más estricta en materia de protección.

La contaminación atmosférica, producida a través de partículas generadas en la combustión, puede provocar, además de degradación del aire, degradación de las fachadas de los edificios históricos y otras infraestructuras. Sin embargo, la innovación tecnológica está haciendo posible una reducción drástica de estos impactos, por ejemplo, con el uso de turbinas de gas que logran reducir la emisión de partículas hasta un 90%. En 2018 CLIA ha anunciado el compromiso de la industria de cruceros de reducir la cuota global de emisiones de C02 en un 40% para 2030, en línea con en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En conclusión, la industria del crucero, plenamente consciente de los impactos que genera, está adaptando tanto sus barcos, como sus actividades en tierra para garantizar la sostenibilidad del sector en la economía, la sociedad y el territorio en los que opera. Por otro lado, los gobiernos y administraciones públicas también están introduciendo numerosas regulaciones y creando políticas para garantizar la sostenibilidad de los destinos afectados.

Arantxa Garcia Lis, Head of sustainable development TUI Group, Intercruises.