Con motivo de la celebración de la cumbre del clima COP25, la necesidad de un nuevo cambio cultural ha vuelto a marcar la agenda. Un cambio que nos permita afrontar un futuro en el que abordar los principales desafíos a escala mundial. Esto nos aboca a un escenario en el que las empresas debemos estar volcadas para contribuir a un futuro más responsable y comprometido, en la que adoptemos un rol cada vez más activo.

Si queremos seguir siendo rentables, las compañías debemos implicarnos socialmente y dar un paso al frente. Las estrategias empresariales deben ir guiadas por un propósito socialmente responsable, un propósito que contribuya a conseguir un futuro mejor para todos. Y es que simplemente nos tenemos que preguntar, ¿qué perdería la sociedad si hoy desapareciera mi compañía? Esta reflexión requiere de un trabajo previo, de pensar más allá de los márgenes. Efectivamente, nos debemos a nuestros accionistas pero no podemos, debemos ni queremos olvidar que, hoy en día, la manera de cómo conseguimos los objetivos es tan relevante o más que los propios objetivos financieros.

El enfoque y filosofía empresarial debe cambiar. Ya no solo consiste en el cumplimiento de lo que nos demandan nuestros clientes, sino en contribuir de una forma activa y positiva. Las nuevas generaciones distinguen y recompensan a las compañías que se implican socialmente, como muestran los últimos informes. En ellos se identifica una tendencia clara, con porcentajes que oscilan entre el 60% y el 77% según el think tank Corporate Excellence, de consumidores que compran marcas con las que comparten valores o incluso por las que estarían dispuestos a pagar más. Estos factores forman parte de los intangibles que construyen la reputación de una empresa, es decir, lo que nos diferencia y distingue en un mercado globalizado. Ya lo dijo Simon Sinek, “la gente ya no compra lo que haces, sino la razón por la que lo haces”.

Las compañías que contamos con presencia a escala mundial —en nuestro caso, más de 2.600 establecimientos de Grupo Telepizza en el mundo— contamos con una visión no solo global, sino también local de los problemas que afectan a nuestras comunidades. Esto nos permite conocer, de primera mano, cuáles son las causas sociales que influyen y preocupan de forma directa a nuestros consumidores. Una información que nos sitúa en una posición privilegiada para afrontar desafíos globales como la desigualdad, la educación universal, la lucha contra el hambre y la pobreza o el cambio climático.

Afortunadamente, esta realidad está llegando, poco a poco, a los consejos de administración de las grandes compañías, que ya empiezan a tratar el beneficio social generado a una comunidad como un activo intangible de carácter estratégico, que contribuye directamente a la reputación de una compañía y, por ende, afecta directamente a la cuenta de resultados.

Ante un escenario como el actual, las compañías estamos llamadas a dar un paso al frente y considerar la acción social, el consumo responsable y las iniciativas que ayuden a impulsar el cambio hacia un mundo más sostenible como un reto ineludible para afianzar nuestro futuro. Es el momento de actuar.

Miguel Justribó, Chief Purpose Officer de Grupo Telepizza