El pasado 21 de abril tuvo lugar la sesión “COVID-19: Sustainable Finance and the Future of the Global Economy”, organizada por UN Global Compact, en la cual se abordaron las principales implicaciones de la pandemia a nivel económico y la forma de financiar la recuperación global haciendo uso de marcos de referencia alineados con las finanzas sostenibles. Para ello, el seminario contó con un panel de alto nivel formado por Lise Kingo, CEO y Directora Ejecutiva del Pacto Mundial de Naciones Unidas, Francesco Starce (CEO de Enel), Fiona Reynolds (CEO de Principles for Responsible Investment) y Miguel Nogales (CIO de Generation Investment Management).

Kingo fue la encargada de inaugurar la sesión destacando que la actual crisis exige una de las respuestas más complejas para hacer frente a la actual emergencia económica global. En sus palabras: “esta crisis representa una gran amenaza, no solo para nuestra salud, también para nuestros hábitos de vida, economía e inversiones. Así lo muestran las estimaciones realizadas por el FMI y presentadas la semana pasada, en las que se prevé que el PIB global caiga un 3% durante este año y que se produzca una posible reducción de los flujos globales de comercio de hasta un 32% de acuerdo con los datos ofrecidos por la OIT”.

La primera parte de la jornada se centró en los impactos que esta crisis sanitaria está teniendo sobre la economía global. Todos coincidieron en que la COVID-19 ha ocasionado un cambio en nuestros hábitos de vida; la pandemia ha impactado en las economías de todos los países por donde ha pasado, poniendo en relieve que éstas son interdependientes e inseparables. Asimismo, se evidenció que existen sectores que indudablemente se verán más afectados por la crisis como son el turístico o el petrolero. Para hacerle frente, se necesitarán estímulos económicos y fiscales que reactiven los mercados globales, pero esta vez tendrán que ser diferentes a los convencionales para hacer frente a una crisis sin precedentes. En este sentido, Miguel Nogales mencionó que “la naturaleza de esta crisis es diferente a la de la crisis pasada, no sabemos si los estímulos van a ser muy pocos o demasiados, y si estarán adecuados a nuevas olas del virus. Lo que sí sabemos es que los recursos para lidiar con esta crisis están ahí, listos para utilizarse”. Además, se destacó la relevancia de que las inversiones a largo plazo no se paralicen y se identificó al proteccionismo como uno de los mayores riesgos y amenazas para el multilateralismo y la colaboración internacional.

En el plano positivo, se resaltó el impulso que ha ejercido esta crisis sobre las formas de hacer negocio, apoyándose en la tecnología disponible y adaptando nuestra manera convencional de trabajar a nuevas alternativas digitales. En esta línea, se subrayó el notable impacto que ha tenido la rápida respuesta de las empresas en cuanto a las medidas de teletrabajo implementadas para garantizar tanto la continuidad de negocio, como la salud y seguridad de los trabajadores.

La incertidumbre que la actual crisis trae para los inversores y el reto que supone mantener a la responsabilidad y a la sostenibilidad como prioridad ante esta situación, fueron otras de las reflexiones principales durante la sesión. En este contexto, se insistió en la necesidad de que los inversores mantengan su enfoque en el largo plazo, en la sostenibilidad de las empresas y en la respuesta a las solicitudes de ayuda financiera de aquellas compañías que consideren estables a futuro. En palabras de Fiona Reynolds: “los inversores deben alentar a las empresas y gobiernos a tomar acciones apropiadas, acciones que protejan a las personas y que incluyan a la sostenibilidad como parte de un particular paquete de respuestas”.

Por otro lado, se remarcó la importancia de que los agentes implicados en la ISR (Inversión Soscialmente Responsable) continúen invirtiendo en las empresas enfocadas en el largo plazo. En particular, se declaró fundamental que las comunicaciones con las empresas se centren en 3 elementos: ser empáticos con la situación de la empresa e identificar cómo pueden ayudarlas; reforzar e impulsar a las empresas a no pensar en el corto plazo y ver más allá de la crisis para tomar decisiones acertadas en relación al negocio y a los grupos de interés; y no dejar de lado su compromiso en la lucha contra el cambio climático. En este último aspecto se hizo especial hincapié, aludiendo a que la emergencia climática sigue sobre la mesa y esta crisis ha evidenciado cómo el cambio de ciertos hábitos y dinámicas de vida pueden generar grandes beneficios sobre el entorno.

Respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a cómo la pandemia está afectando a la Agenda 2030, Francesco Starce señaló que: “los ODS son ahora, más que nunca, un elemento clave para el desarrollo social en todo el mundo”.  En general, los ponentes coincidieron en que la manera en la que trabajamos, consumimos, nos movilizamos e interactuamos debe cambiar y tenemos que aprender de estos meses de confinamiento para transformar nuestros hábitos de vida y lograr que la vida en las ciudades sea más sostenible. Estos cambios tendrán un impacto directo sobre el cumplimiento de los ODS; a partir de ahora será mucho más evidente la interconexión entre los diferentes ODS y la importancia de la consecución de la Agenda 2030 para garantizar el bienestar global y, en esta línea, las finanzas sostenibles jugarán un papel incuestionable.

Por último, se resaltó cómo la acción colectiva ha sido fundamental en la respuesta a la crisis ocasionada por la COVID-19; las decisiones y acciones conjuntas entre gobiernos, empresas, inversores, asociaciones y la sociedad civil han permitido hacer frente a esta situación de emergencia global. Y, sin duda, los negocios y las inversiones sostenibles tendrán un papel aún más importante en la economía del futuro.