La adopción de la Agenda 2030 en septiembre de 2015 por 193 países puso de manifiesto el compromiso global en favor de la sostenibilidad. La Unión Europea asumió la Agenda como parte de su hoja de ruta y equiparó el espíritu de sus objetivos a los valores de la Unión.

Cinco años después, y con un tercio del calendario para la consecución de la Agenda ya agotado, la consigna de actuar sin dilación copa las agendas de los ejecutivos europeos, entre ellos, el de la nueva Comisión Europea (CE) que entró en funcionamiento el pasado mes de enero y cuyo mandato se extiende hasta 2024. El alcance de las medidas que se adopten durante estos años incidirá de forma significativa en la llamada década de la acción y en la capacidad de Europa para liderar nuevos paradigmas de desarrollo más allá de 2030; con especial énfasis en la reactivación económica y en la corrección de la desigualdad en el escenario post Covid-19. Los conceptos de emergencia (sanitaria, económica, laboral, medioambiental y social), transición y transformación aparecen como telón de fondo de las iniciativas institucionales y las decisiones que adopten los Estados miembros.

Un año después de la presentación del documento de Reflexión de la CE Una Europa más sostenible de aquí a 2030, la coordinación de los ODS ha recaído en la cartera de Economía y su comisario Paolo Gentiloni. Por primera vez, en el ciclo de vigilancia económica del Semestre Europeo, los informes-país recogen un anexo final con los datos de cumplimiento de la Agenda 2030 y deberían ser tenidos en consideración a la hora de acometer reformas e identificar necesidades. La evaluación de los avances -y retrocesos- viene marcada por los datos que Eurostat recopila desde 2017, el SDG Indicator set, a partir de la información facilitada por los estados, y cuya edición 2020 se publicará próximamente.

Pese a no haber diseñado una estrategia global de la UE para los ODS, la transversalidad de éstos se ve reforzada en las diferentes políticas sectoriales.  Lo estará todavía más con la consolidación de un nuevo marco de crecimiento verde (EU Green Deal) y el desarrollo de pilares como el Plan de Inversiones para una Europa Sostenible, sin olvidar la defensa de los mecanismos de transición justa, que interpelan tanto al sector público como al privado. 

En la UE más del 99% de las empresas son pymes y generan más de la mitad del valor añadido del conjunto del tejido empresarial. La alineación de sus modelos de negocio con la Agenda 2030 y su interlocución con los gobiernos para contar con orientaciones claras es clave para impulsar la coherencia de políticas y la consecución de los ODS. Las Naciones Unidas reconocen la relevancia de las pymes en relación con la creación de empleo, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza y las desigualdades. Las pymes también representan un potencial foco de innovación y pueden convertirse en agentes de cambio a la hora de lograr el desarrollo sostenible.

El impacto de la Covid-19 sobre el tejido empresarial en toda Europa ha puesto de manifiesto la necesidad de incidir aún más sobre los activadores horizontales que impulsarán la transición y transformación hacia la sostenibilidad: políticas de investigación, innovación, digitalización, formación, reconversión industrial, competencia, y responsabilidad de las empresas, entre otros, para que nadie quede atrás.

Anna Maria González Montes, Investigadora y responsable de proyectos, Cátedra Liderazgos de Esade.