Fabrizio Hochschild, Secretario General Adjunto de Naciones Unidas y Asesor Especial del Secretario General para la Conmemoración del 75 Aniversario de las Naciones Unidas.

Las Naciones Unidas celebran su 75 aniversario este año, en un momento de grandes desafíos. La COVID-19 ha cambiado la vida de miles de millones de personas, causando un sufrimiento humano incalculable y desestabilizando nuestras sociedades y economías.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), el mundo está en vías de experimentar su primer descenso en desarrollo humano desde 1990 – cuando se publicó el primer Informe sobre Desarrollo Humano – debido a un triple golpe en la salud, los ingresos y la educación. Medio millón de personas han muerto a causa del virus, y los sistemas de salud de muchos países se han visto sometidos a una presión sin precedentes.

Los jóvenes han sido particularmente afectados por las consecuencias sociales y económicas. Casi el 77% de los trabajadores jóvenes tenían trabajos informales cuando la crisis estalló, y se estima que más de uno de cada seis ha dejado de trabajar desde el comienzo de la crisis. Mientras tanto, los cierres de escuelas han afectado a más del 90% de los estudiantes del mundo. Además, si se tiene en cuenta la falta de acceso a internet de algunos hogares, la tasa efectiva de abandono escolar es del 60% para los niños en edad de escolarización.

«Hemos visto algo de solidaridad, pero muy poca unidad, en nuestra respuesta a la COVID-19»

Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas

La pandemia ha expuesto la fragilidad no sólo de nuestros sistemas de salud, sino de todas nuestras instituciones. Ha exacerbado la división entre ricos y pobres, así como entre los que están a ambos lados de la brecha digital.  Al mismo tiempo, la COVID-19 ha subrayado lo crucial que es para nosotros trabajar juntos – a través de las fronteras, sectores y generaciones. Sin embargo, como ha dicho el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres: «Hemos visto algo de solidaridad, pero muy poca unidad, en nuestra respuesta a la COVID-19». La pandemia parece estar acelerando las grietas subyacentes en la geopolítica y poniendo de relieve una cuestión urgente y crítica: ¿Saldremos de esta crisis más fuertes y unidos? ¿O más divididos?

Nacidas de una alianza en tiempos de guerra, las Naciones Unidas no son ajenas a la agitación y las rivalidades políticas. Su fundación, al igual que el surgimiento de la visión de una Europa unida, representaba las esperanzas de una generación cansada de la guerra y hambrienta de paz de que los países pudieran trabajar juntos para evitar futuras guerras, y los factores que las provocan, como la pobreza y los abusos de los derechos humanos. Se alimentaba del idealismo, pero también era una respuesta pragmática de los dirigentes mundiales, que se dieron cuenta de que la cooperación y el compromiso eran mucho menos costosos que la guerra.

El multilateralismo siempre ha sido una interacción de preocupaciones nacionales y compartidas. Cuando los gobiernos se han unido, los resultados han cambiado la vida de las personas, con grandes avances en el acceso a la salud y la educación, en la lucha contra la pobreza extrema y el hambre. En los últimos 75 años, hemos pasado de un mundo en el que un tercio de la población vivía en territorios no autónomos y la mayoría de las mujeres no tenían igualdad de derechos de voto a otro que es más libre gracias a las muchas medidas llevadas a cabo.

Sin embargo, los progresos han sido desiguales y los fracasos bien documentados y trágicos. Y ahora, los logros duramente conseguidos en las décadas anteriores están amenazados – por la pandemia, pero también por las tendencias mundiales subyacentes que está exacerbando, desde nuestra incapacidad para hacer frente a la emergencia climática, hasta las desigualdades arraigadas, los conflictos prolongados, la perturbación de las nuevas tecnologías y los grandes cambios en la distribución por edades de nuestras poblaciones.

Estos desafíos no pueden ser resueltos por un solo país, no importa cuán grande o poderoso sea. En un mundo cada vez más interconectado e interdependiente, la línea entre los intereses nacionales e internacionales se está difuminando. La pandemia ha dejado al descubierto nuestras dependencias. Sólo somos tan fuertes como el más vulnerable de nosotros.

Ahora es el momento de terminar con el modelo business-as-usual. Ahora es el momento de poner en práctica el compromiso con las generaciones futuras dictado en la Carta de las Naciones Unidas, y de hacer los progresos que necesitamos en las Naciones Unidas para lograr el futuro que queremos en línea con la Agenda 2030.

Ese es el espíritu con el que se concibió el 75º aniversario de la ONU: no como una celebración, sino como un momento de reflexión y de escucha de la gente. Es vital que el público mundial tenga voz cuando se tomen decisiones que tendrán consecuencias duraderas para el futuro de la humanidad.

En enero, las Naciones Unidas pusieron en marcha su ejercicio más ambicioso hasta la fecha para reunir a la opinión pública y buscar soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos, a través de una encuesta de un minuto (www.un75.online) y mediante diálogos dentro de las comunidades y entre ellas.

«Las principales prioridades para la recuperación son: el acceso universal a la atención de salud, el fortalecimiento de la solidaridad entre las personas y las naciones y el replanteamiento de la economía mundial.»

Hasta la fecha, más de 240.000 personas en 193 países han completado la encuesta, y más de 1000 diálogos han tenido lugar en los cinco continentes. Los resultados hasta ahora muestran un apoyo abrumador al multilateralismo, con un claro repunte desde la pandemia. Las principales prioridades para la recuperación son: el acceso universal a la atención de salud, el fortalecimiento de la solidaridad entre las personas y las naciones y el replanteamiento de la economía mundial.

Si contemplamos el largo plazo, la demanda dominante con diferencia es la de «más protección del medioambiente«, en la que el cambio climático se considera la tendencia definitoria que configura nuestro futuro. «Menos conflictos» y «más respeto por los derechos humanos» son las preocupaciones prioritarias que se sitúan en segundo y tercer lugar. Cuando se piden soluciones, una mayor participación de los interesados, en particular los jóvenes, la sociedad civil y las ciudades, en la adopción de decisiones a nivel mundial están surgiendo como respuestas populares.

Los resultados se presentarán a los líderes mundiales en septiembre, cuando se reúnan virtualmente para la cumbre de la ONU 75.

Hasta ese momento, invitamos a personas de todos los ámbitos de la vida a contribuir con sus puntos de vista. Que expresen su opinión y que su voz sea escuchada, a través de la encuesta o a través de los diálogos que se organizan bajo el marco del 75 aniversario de Naciones Unidas. Para el futuro que queremos, el mundo que necesitamos.