Es ahora, en época estival, cuando más tomamos conciencia de la importancia del cuidado del océano ya sea por la afluencia de turismo a nuestras costas o por los diversos estudios que se publican en el contexto del Día Mundial del Océano, como el paper publicado el pasado junio por la Red Española del Pacto Mundial “Océanos saludables y sostenibles: oportunidades para el sector empresarial en la economía azul”. Y no es para menos, dada la situación crítica en la que se encuentran los ecosistemas marinos que sufren un grado insostenible de agotamiento, deterioro ambiental, y saturación y acidificación por el dióxido de carbono.

De hecho, según el último informe de Naciones Unidas sobre el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a pesar de los esfuerzos que se están llevando a cabo para proteger los principales entornos marinos, la actividad pesquera y la inversión en ciencias oceánicas, de seguir con el ritmo actual no solo no alcanzaremos el ODS 14, sino que perderemos también las oportunidades que este ODS encierra para conseguir el resto de los Objetivos.

Y es que, a menudo olvidamos que los mares tienen un alto potencial tanto para la economía como para la producción de recursos (alimentos, minerales, medicinas, etc) energía limpia y transporte, lo que repercute en la consecución de varios de los ODS.

La economía azul y su impacto en los ODS 1, 5, 8, 9 y 10

El crecimiento económico sostenible ligado al océano aumenta la industrialización y promueve la innovación (ODS 9), lo que a su vez genera un mayor número de puestos de trabajo y repercute en el crecimiento económico. En concreto, el impacto de las industrias relacionadas con el océano en la economía nacional es considerable, ya que emplean a más de 691.000 personas y generan alrededor de 23.000 millones de euros de valor agregado bruto. Esto influye principalmente en el ODS 8, especialmente en sectores clave para la economía azul como el pesquero, el turístico o el de energías renovables; y en el 1 ya que millones de personas dependen directamente de estos sectores, por lo que la salud y la productividad continua de los océanos garantiza menores niveles de pobreza para ellos.

Asimismo, los recursos y el empleo generado por estas industrias favorecen la integración social y económica de pescadores artesanales y de comercios locales. Esto puede contribuir a aumentar los beneficios económicos de los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países menos adelantados, ya que su economía se basa en gran parte en el mar, ayudando a reducir la desigualdad entre países (ODS 10).

Otro de los colectivos que se podrían ver beneficiados de las nuevas oportunidades de ingresos y empleo que generaría la gestión sostenible del océano es el de las mujeres (ODS 5). Éstas, a pesar de tener un peso importante en algunos sectores como el de la industria de los mariscos en la que un 50% de los empleados son mujeres, suelen ostentar puestos infravalorados y mal retribuidos.

Una fuente inagotable de recursos: ODS 2, 3, 6, 7, 12 y 15

El océano, además, nos puede proveer de una serie de recursos imprescindibles para el logro de los ODS. Es el caso, por ejemplo, de los alimentos procedentes del océano, los cuales pueden suministrar alimentos nutritivos para la población mundial fortaleciendo así la seguridad alimentaria (ODS 2). El océano también es una fuente de energía renovable (ODS 7) o de nuevas vacunas y medicamentos (ODS 3) provenientes de la biodiversidad de este ecosistema.

A su vez, aumentar la producción sostenible de los recursos marinos puede reducir la presión sobre los ecosistemas terrestres, como la tala de bosques para cultivos (ODS 15) o el uso de agua dulce para riego en zonas de escasez hídrica (ODS 6).

En este sentido, es importante mantener el ODS 12 como guía en la gestión de estos recursos, ya que la sostenibilidad de los recursos pesqueros mundiales sigue en declive en parte a causa de la sobrepesca y una gestión insostenible de los mismos.

Una herramienta clave contra el cambio climático

El océano absorbe alrededor del 23 % de las emisiones anuales a la atmósfera de dióxido de carbono antropógeno, lo que contribuye a mitigar los efectos del cambio climático en el planeta (ODS 13). Los ecosistemas marinos y costeros son, por tanto, una herramienta clave en la regulación del clima que además aumenta a un ritmo vertiginoso, siendo la temperatura media mundial actual de 1,1°C por encima de los niveles preindustriales estimados.

Sin embargo, la actual absorción excesiva de carbono está aumentando la acidez del océano y perjudicando a los seres vivos que habitan en sus aguas. De hecho, entre 2015 y 2019 se registró un aumento de la variación del pH y la acidez de los océanos de entre el 10 % y el 30 %. Esto hace disminuir la capacidad del océano de amortiguar el impacto del calentamiento global, lo que llama una vez más a invertir en la salud de estos ecosistemas para asegurar la supervivencia del planeta.

En definitiva, si queremos alcanzar las metas marcadas en los ODS, necesitaremos promover una correcta gestión del océano por parte de las empresas y una buena gobernanza pública que guíe el comportamiento de los países y las empresas bajo un enfoque de sostenibilidad (ODS 16). Solo así, mediante el trabajo en alianza (ODS 17), podremos garantizar la salud de los océanos y, por consiguiente, el logro de la Agenda 2030.