El cambio climático es una amenaza determinante para la paz y la seguridad en el siglo XXI: afecta a todas las personas, pero no por igual. Las normas de género y las dinámicas de poder dan forma a cómo las mujeres y los hombres de diferentes orígenes experimentan la inseguridad de un clima cambiante o contribuyen a sus soluciones.

A medida que los países intentan recuperarse de los devastadores impactos sociales y económicos de la pandemia de la COVID-19, la desigualdad de género se ha manifestado en la crisis, así como en las perspectivas de resiliencia y recuperación.

El informe Género, clima y seguridad: mantener una paz inclusiva en la primera línea del cambio climático elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Departamento de Asuntos Políticos y Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas (DAPCP), revela los estrechos vínculos entre género, clima y seguridad y muestra que las mujeres en la primera línea de acción climática están desempeñando un papel vital en la prevención de conflictos y en la construcción de la paz sostenible e inclusiva.

El documento se basa en una serie de estudios de casos de investigación y experiencias sobre el terreno y ofrece un marco integral para comprender cómo el género, el clima y la seguridad están inextricablemente vinculados. El informe evalúa los puntos para instar a la acción a través de las agendas globales existentes y sugiere recomendaciones concretas sobre cómo los formuladores de políticas, los profesionales del desarrollo y los donantes pueden contribuir al cumplimiento de tres objetivos interrelacionados: paz y seguridad, acción climática e igualdad de género.

Las comunidades afectadas por los conflictos y los efectos de un clima cambiante enfrentan una doble crisis. La pandemia ha venido a agravar aún más los impactos del cambio climático en la seguridad alimentaria, los medios de vida, la cohesión social y la seguridad. Esto puede socavar los avances en favor del desarrollo, intensificar la violencia y también obstaculizar los procesos de paz frágiles.

Las mujeres y las niñas enfrentan cargas económicas desproporcionadas debido a los diferentes tipos de marginación, las expectativas de género pueden llevar a hombres y mujeres a recurrir a la violencia cuando los medios de vida tradicionales fallan y los cambios socioeconómicos de envergadura pueden resultar en alteraciones de los patrones de migración.

«El acceso desigual a la tenencia de la tierra, los recursos financieros y el poder de decisión puede crear estrés económico en hogares enteros en tiempos de crisis y puede dejar a las mujeres desproporcionadamente expuestas a riesgos de seguridad relacionados con el clima», sostiene la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen.

«La crisis climática va mucho más allá del clima y abordarla de manera efectiva requiere respuestas que consideren los vínculos entre género, clima y seguridad. Debemos asegurarnos de que nadie se quede atrás», añade Andersen.

El informe deja claro la necesidad urgente de una acción con perspectiva de género para abordar esta crisis. Las intervenciones en torno a los recursos naturales, el medioambiente y el cambio climático, por ejemplo, brindan oportunidades significativas para el liderazgo político y económico de las mujeres y fortalecen sus contribuciones a la paz. Los programas sostenibles de recursos naturales también ofrecen oportunidades para mitigar la violencia sexual y de género en los conflictos. Reconocer que la paz y la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo son interdependientes es vital para forjar un futuro mejor, argumentan los autores del informe.

Las consideraciones de género también deben reflejarse plenamente en las políticas y programas emergentes sobre los riesgos de seguridad relacionados con el clima, no sólo para fortalecer la conciencia y la comprensión de vulnerabilidades particulares, sino también para resaltar las oportunidades de liderazgo e inclusión de mujeres y grupos marginados en los procesos de toma de decisiones.

Se requieren más inversiones para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en los Estados frágiles, incluyendo las implicaciones para la movilidad humana y especialmente en los sectores relacionados con los recursos naturales, donde son particularmente bajas.

«Reconstruir mejor, con perspectiva de género, significa garantizar que nuestras economías post COVID-19 aborden las desigualdades fundamentales en la sociedad y pongan fin a la violencia contra las mujeres», apunta la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka.

«Las mujeres son una fuerza poderosa para reconstruir las sociedades de manera más segura, esto incluye desde proporcionar alimentos y refugio, hasta generar ingresos vitales y liderar un cambio sostenible», añadió Mlambo-Ngcuka.

Descarga el informe