El siguiente texto es una carta dirigida al grupo G-20 por parte de las siguientes asociaciones y grupos empresariales: UN Global Compact, World Business Council for Sustainable Developement, International Chamber of Commerce, The B Team, International Union Confederation, Capitals Coalition, IMAGINE, Busines for Nature, The Climate Group, Liveris Leadershio Academy, World Economic Forum, BSR, We Mean Business Coalition, International Organization of Employers.

La pandemia ha agravado varias fragilidades mundiales – entre ellas la exclusión económica, las desigualdades sociales y la degradación del medio ambiente – que deben abordarse de manera coordinada a nivel mundial para asegurar una reconstrucción inclusiva y resiliente a la crisis.

Nosotros, como conjunto de organizaciones empresariales y laborales, reconocemos los esfuerzos de muchos gobiernos para abordar los efectos de la pandemia tanto a corto como a largo plazo. Sin embargo, a medida que pasamos de la respuesta de emergencia a la recuperación económica a largo plazo, debemos asegurar un compromiso con el multilateralismo mediante esfuerzos coordinados a nivel mundial que aborden directamente estas tres fragilidades y nos pongan en el camino hacia un crecimiento sostenible e inclusivo.

Dadas las crisis ambientales y sociales que enfrenta nuestro mundo, está claro que no podemos permitirnos volver a la anterior normalidad, y tampoco es ese nuestro propósito. Es por ello que hacemos un llamamiento a los gobiernos y a los reguladores financieros para que renueven la cooperación mundial, incorporen la sostenibilidad en la columna vertebral del esfuerzo de recuperación mundial y adopten medidas urgentes y decisivas para:

1. Incrementar el gasto y la inversión, pero hacerlo desde una perspectiva inteligente, de modo que sirva para salvaguardar y aumentar la estabilidad económica y social. En este sentido, los gobiernos deberían seguir liberando gastos de estímulo fiscal para reducir al mínimo los daños y apoyar la incipiente recuperación a medida que evoluciona la crisis. Inversiones en las que además, se prioricen actividades con importantes beneficios ambientales y sociales.

2. Afrontar la desigualdad a través de la protección social. La crisis ha exacerbado en gran medida tanto las desigualdades sociales y económicas como los abusos de los derechos humanos. En esta complicada situación, los gobiernos deben apoyar a las poblaciones vulnerables, asegurar los puestos de trabajo y aplicar normas sólidas sobre derechos laborales y humanos. De este modo, se debe dar prioridad a la seguridad, el acceso a la atención sanitaria, los planes de retención del empleo y los incentivos para la creación de puestos de trabajo, el apoyo a los ingresos y la recalificación y el aumento de las competencias de los trabajadores en las industrias que generan grandes emisiones.

3. Mitigar los riesgos para la economía mundial cerrando la «brecha del estímulo» en los mercados emergentes. La crisis económica y de salud pública ha puesto a prueba las finanzas públicas de muchos gobiernos procedentes países de ingresos bajos y medios. Se necesita una asistencia internacional coordinada y la movilización de la financiación privada para asegurar que todos los países dispongan del espacio fiscal necesario para mitigar las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia y otras crisis en curso.

4. Liderar el mundo abanderando la acción climática. Reconocer públicamente la emergencia planetaria y comprometerse a reducir las emisiones para limitar el calentamiento a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, de acuerdo con la más alta ambición del Acuerdo de París. Dar prioridad a la política y la inversión hacia este objetivo, reorientando la financiación de las industrias contaminantes y poniendo a las economías del G20 en el camino de reducir las emisiones a la mitad en esta década.

5. Revertir la pérdida de la naturaleza. Es necesario un compromiso de invertir la pérdida de la naturaleza y la biodiversidad a más tardar en 2030. Para ello se deben fomentar los esfuerzos colectivos con el fin detener e invertir la deforestación y salvaguardar al menos el 30% de los océanos y las tierras del mundo para 2030.

Debemos matizar que no lograremos una recuperación verde, justa e inclusiva sólo con la acción del gobierno. El sector privado tiene un papel vital que desempeñar. Muchas empresas lo reconocen y ya se han comprometido a ello:

  • Ampliar la movilización y el despliegue de capital privado para el desarrollo sostenible.
  • Aplicar medidas de protección del empleo, creación de puestos de trabajo y establecimiento de prioridades en materia de salud y seguridad de los empleados, especialmente para las poblaciones vulnerables o marginadas.
  • Incrementar inversiones en innovación y tecnología climática, capacidad de recuperación y adaptación, así como esfuerzos para reducir drásticamente las emisiones con miras a lograr una economía mundial alineada con el Acuerdo de París, con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050.
  • Impulsar la valoración empresarial de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas y, al mismo tiempo, aumentar las inversiones en la protección y la restauración de la naturaleza.

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Organizaciones y asociaciones firmantes: