A menudo contemplamos el cambio climático como un fenómeno que afecta principalmente a la salud de la Tierra, derritiendo los glaciares, arrasando los bosques y destruyendo la amplia diversidad de nuestro planeta. Pero ¿y qué pasará con la salud humana?

Por supuesto, no podemos obviar que el detrimento del medio en el que vivimos y por el que subsistimos, tendrá graves efectos sobre nuestra salud. De hecho, una cuarta parte de las enfermedades mundiales se generan por riesgos relacionados con el medioambiente, como la degradación del ecosistema, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la exposición a la contaminación del aire, el agua y el suelo y a los productos químicos tóxicos. Estas enfermedades incluyen tipologías transmisibles, como las cardiovasculares o la diabetes, así como infecciosas como la COVID-19.

Y es que, los efectos de un clima cambiante amenazan directamente la vida y los medios de subsistencia de los seres humanos. Nuestra dependencia al carbón y a la quema de combustibles fósiles impulsa el cambio climático y la contaminación atmosférica, que por sí solos causan una de cada cinco muertes prematuras en el mundo. Esto se traduce en más de 8 millones de muertes al año.  El hambre y la malnutrición aumentan a medida que las cambiantes condiciones ambientales del clima pueden afectar negativamente al rendimiento de las cosechas, así como al contenido nutricional y la seguridad de varios cultivos alimentarios.

En este punto debemos recordar que los efectos del cambio climático en la salud, no se reducen únicamente a un impacto en lo físico, sino que también influyen en la salud mental de las personas. Las inundaciones, las sequías prolongadas y la inseguridad alimentaria o los desplazamientos asociados generan ansiedad, depresión y trastornos de estrés postraumático.

En definitiva, las proyecciones climáticas presentan resultados nefastos para la salud en todo el mundo, lo que hace que la lucha contra el cambio climático sea el mayor reto para la salud mundial del siglo XXI.

La lucha empresarial contra el cambio climático genera un doble beneficio: mejorar la salud del planeta y la sociedad a la vez que encuentra oportunidades económicas

Las empresas tienen un papel crucial que desempeñar en la lucha contra el cambio climático y la resiliencia sanitaria. Es tanto un imperativo moral, alineado con la responsabilidad corporativa de respetar los derechos humanos, como una oportunidad para las empresas, ya que limitar el calentamiento a 1,5°C para el año 2100 generaría un beneficio global neto de 264 billones de dólares a 610 billones de dólares, además de ahorrar diversos costes derivados de la inacción. En este sentido, es necesario recuperar una enseñanza fundamental de la pandemia: el coste de la inacción supera con creces los costes de una respuesta y prevención audaces y rápidas.

En concreto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los costes sanitarios asociados al cambio climático alcanzarán entre 2.000 y 4.000 millones de dólares en 2030. Y no son los únicos:

  • Con el estrés térmico en un escenario de 1,5ºC, se perderá el 2,2% de las horas de trabajo en 2030, el equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
  • La contaminación atmosférica también provoca importantes pérdidas de productividad relacionadas con la salud, lo que conlleva más días de enfermedad y afecta negativamente al comportamiento de los consumidores.
  • Las cadenas de suministro que operan en zonas vulnerables al cambio climático se enfrentarán a crecientes interrupciones debido a sequías, olas de calor e inundaciones, que afectarán a la continuidad del suministro y de la empresa.

Con todo ello, las empresas tendrán que establecer cada vez más una estrategia empresarial que reconozca la interdependencia de los derechos humanos y los riesgos para la salud y el medioambiente, llevando a cabo procesos integrados de diligencia debida en estas materias.

Qué pueden hacer las empresas: iniciativas para contribuir a la lucha contra el cambio climático y reducir los riesgos de la salud pública

  • Reducir las emisiones de GEI y la contaminación atmosférica: las empresas pueden reducir sus emisiones adoptando objetivos basados en la ciencia de acción climática, para lo que pueden sumarse a la campaña Business Ambition for 1,5°C. Las empresas también pueden fijar un precio interno para el carbono y comprometerse a ser 100% renovables a través de RE100, cambiar toda su flota a vehículos eléctricos para 2030 a través de EV100, y utilizar la energía de forma más productiva a través de EP100.
  • Invertir en la conservación de la biodiversidad: las empresas deben alinearse con un modelo empresarial positivo para la naturaleza que ayude a restaurar la biodiversidad y salvaguarde los servicios de los ecosistemas estableciendo objetivos basados en la ciencia dirigidos a la conservación de la naturaleza. Asimismo, pueden actuar para revertir la pérdida de la naturaleza a través de la iniciativa Business for Nature.
  • Impulsar la seguridad alimentaria y nutricional: Una dieta de salud planetaria, menos dependiente de la agricultura de base animal, podría evitar 11 millones de muertes anuales. El ámbito empresarial puede contribuir a este objetivo participando en las vías de acción de la Cumbre de la Alimentación de la ONU de 2021 y aumentando la biodiversidad agrícola, impulsando dietas sostenibles a través de carteras de productos y eliminando la deforestación uniéndose a la coalición One Planet Business for Biodiversity (OP2B) centrada en la agricultura.
  • Mejorar la resiliencia del agua: Las empresas pueden colaborar en este desafío uniéndose a Water Resilience Coalition, una iniciativa por la que las entidades se comprometen a reducir el estrés hídrico para 2050.
  • Apostar por el futuro del trabajo y la transición justa: Según la OIT, la transición a una economía con bajas emisiones de carbono ofrecerá inmensas oportunidades, con un potencial de 25 millones de puestos de trabajo en el sector de la energía y 78 millones de puestos de trabajo en la economía circular de aquí a 2030. Por ello, es esencial que las empresas apoyen la transición, un compromiso que pueden reafirmar a firmando el Compromiso Empresarial para una Transición Justa y Empleos Verdes Decentes y pasando a la acción con la Iniciativa internacional de Acción Climática para el Empleo.

Conoce más sobre por qué la lucha contra el cambio climático es el mayor desafío sanitario mundial del siglo XXI  aquí.


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