Tribuna
La sostenibilidad como compromiso compartido
Lanzarote y La Graciosa han construido su identidad turística sobre una relación singular entre el territorio, el paisaje, la cultura y la sociedad. Preservar ese equilibrio exige hoy algo más que buenas intenciones: requiere escucha, colaboración, responsabilidad y una visión compartida de futuro.
Durante décadas, ambas islas han mantenido un firme compromiso con la protección de su patrimonio natural, cultural y paisajístico. La declaración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera, la presencia del Parque Nacional de Timanfaya y el legado de César Manrique son expresiones de una forma de entender el territorio en la que la conservación, la identidad y el desarrollo deben avanzar de manera equilibrada.
Sin embargo, los desafíos actuales del turismo exigen dar un paso más. La sostenibilidad no puede depender únicamente de proyectos concretos o actuaciones promovidas de forma aislada. Requiere participación, corresponsabilidad y, especialmente, la construcción de alianzas sólidas y duraderas.
Porque, si algo hemos aprendido, es que la gobernanza constituye la infraestructura invisible de la sostenibilidad.
Del mismo modo que una red de carreteras conecta territorios o una infraestructura energética facilita el desarrollo, la gobernanza permite conectar administraciones públicas, empresas, ciudadanía, universidades, comunidad científica, profesionales y organizaciones sociales. Esta conexión favorece decisiones más informadas, legítimas y duraderas.
Sin esta infraestructura invisible, la sostenibilidad puede convertirse en una suma de iniciativas dispersas. Con ella, puede transformarse en una verdadera estrategia colectiva de futuro.
Desde esta convicción, SPEL–Turismo Lanzarote impulsó un amplio proceso de escucha, diálogo y participación para responder a una pregunta esencial: ¿qué principios deben orientar el futuro turístico de Lanzarote y La Graciosa?
La respuesta fue la Carta del Turismo Sostenible +ST30 de Lanzarote y La Graciosa, adoptada públicamente en Jameos del Agua como resultado de un proceso abierto en el que participaron administraciones, empresas, asociaciones, entidades sociales, universidades, profesionales del sector y ciudadanía.
La Carta del Turismo Sostenible +ST30 no nació para convertirse en un documento institucional más, sino para ser un compromiso colectivo.
Sus once principios representan una hoja de ruta compartida para avanzar hacia un modelo turístico que proteja el territorio, contribuya al bienestar de la población, fortalezca la economía local, preserve la identidad cultural, impulse la innovación responsable y entienda la sostenibilidad como un factor esencial para la competitividad del destino.
No obstante, su principal valor no reside únicamente en el contenido de sus principios, sino también en el proceso que permitió definirlos: escuchar antes de decidir, dialogar antes de actuar, construir antes que imponer y compartir responsabilidades.
Esta experiencia demuestra que la sostenibilidad genera un impacto mucho mayor cuando deja de ser el proyecto de una organización concreta y se convierte en el propósito compartido de todo un territorio.
La Carta del Turismo Sostenible +ST30 constituye, por tanto, un marco común para orientar políticas públicas, iniciativas empresariales, proyectos de innovación, acciones sociales y decisiones relacionadas con el desarrollo turístico de Lanzarote y La Graciosa. Esta visión conecta directamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17, dedicado a las alianzas para lograr los objetivos. El ODS 17 nos recuerda que desafíos como la acción climática, la conservación del patrimonio, la prosperidad económica, la innovación y la cohesión social no pueden afrontarse individualmente. Requieren confianza, corresponsabilidad y una gobernanza capaz de integrar perspectivas diferentes en torno a un propósito común.
La Carta del Turismo Sostenible +ST30 refleja esta manera de entender la gestión turística: como una alianza permanente entre quienes viven, trabajan, investigan, emprenden, visitan y toman decisiones sobre Lanzarote y La Graciosa.
Los destinos del futuro no competirán únicamente por atraer visitantes. También lo harán por su capacidad para generar confianza, construir consensos, proteger sus recursos y transformar el turismo en bienestar, oportunidades y prosperidad compartida.
Si la sostenibilidad es el destino, la gobernanza es el camino.
Estamos convencidos de que los territorios que liderarán el turismo del futuro serán aquellos que mejor sepan colaborar para proteger su patrimonio y convertirlo en una fuente de bienestar y oportunidades para las generaciones presentes y futuras.
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