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Tribuna

El liderazgo de las mujeres cooperativistas: clave para el futuro del sector agroalimentario

Las mujeres llevamos toda la vida en el campo. Hemos trabajado en las explotaciones, cuidado ganado, participado en las campañas y ayudado a mantener vivos nuestros pueblos.

Por eso, cuando hablamos hoy de mujer rural, el debate ya no puede limitarse a reivindicar nuestra presencia. Estamos. Y los datos lo demuestran. El verdadero reto es conseguir que esa presencia se traduzca también en participación, responsabilidad y capacidad de decisión.

En las cooperativas agroalimentarias andaluzas, las mujeres representamos ya el 32% de la base social. Sin embargo, nuestra presencia se reduce al 8% en los consejos rectores y apenas alcanza el 2% en las presidencias. En los puestos de dirección supone el 11%.

Hay tres cifras —32%, 8% y 2%— que resumen perfectamente dónde debemos poner ahora el foco.

Las cooperativas son mucho más que el lugar al que llevamos nuestra producción. Son nuestras empresas. Empresas que transforman, comercializan, innovan, generan empleo y permiten que las personas asociadas compitamos en mercados cada vez más exigentes.

Y ahí reside precisamente uno de los grandes valores del cooperativismo.

Una agricultora integrada en una cooperativa no está sola ante el mercado. Puede acceder a asesoramiento técnico, formación, nuevas tecnologías e innovación; mejorar la comercialización de sus producciones; ganar dimensión y capacidad negociadora; y formar parte de un proyecto empresarial colectivo que genera riqueza y empleo en su territorio.

Por eso, cuando hablamos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el papel de las mujeres rurales va mucho más allá del ODS 5, dedicado a la igualdad. Las agricultoras y ganaderas contribuimos diariamente a producir alimentos, gestionar el territorio, afrontar los efectos del cambio climático y mantener la actividad económica de nuestros municipios. Y cuando lo hacemos desde una cooperativa, esa aportación adquiere una dimensión todavía mayor.

El cooperativismo genera empleo, impulsa innovación, crea alianzas, ayuda a reducir desigualdades y permite mantener empresas y servicios en zonas rurales donde cada puesto de trabajo cuenta.

Pero precisamente por eso tenemos que dar un paso más. Si las mujeres somos prácticamente una de cada tres personas asociadas a las cooperativas agroalimentarias andaluzas, debemos avanzar también en nuestra participación en los órganos de gobierno.

Una cooperativa pertenece a sus socias y a sus socios. Participar en una asamblea, presentar una candidatura al consejo rector o asumir la presidencia no debería contemplarse como algo excepcional para una mujer. Forma parte de nuestros derechos, pero también de nuestra responsabilidad como propietarias de estas empresas.

Y para conseguirlo necesitamos trabajar en muchos frentes.

Necesitamos formación y liderazgo, pero también conciliación y corresponsabilidad. Necesitamos servicios adecuados en nuestros pueblos, conectividad, oportunidades profesionales y condiciones que permitan compatibilizar la vida familiar con la participación empresarial.

No podemos pedir a las mujeres que den un paso adelante y, al mismo tiempo, mantener intactas las barreras que dificultan que puedan hacerlo. También necesitamos que las propias mujeres cambiemos nuestra percepción sobre el papel que desempeñamos dentro de nuestras cooperativas. No somos únicamente proveedoras de producto. Somos empresarias agrarias y copropietarias de empresas que toman decisiones sobre inversiones, comercialización, innovación o estrategia.

Así que nuestra voz debe estar presente en esas decisiones. El camino recorrido demuestra que avanzar es posible. En 2017, las mujeres ocupábamos el 5% de los puestos de los consejos rectores andaluces; hoy hemos alcanzado el 8%. Es una evolución positiva, pero todavía demasiado lenta.

Desde AMCAE-Andalucía queremos contribuir precisamente a acelerar ese cambio: visibilizando referentes, impulsando la formación, creando redes entre mujeres cooperativistas y animando a agricultoras y ganaderas a participar activamente en sus cooperativas. En el medio rural andaluz somos muchas y no se puede permitir prescindir del talento, la experiencia y la capacidad de liderazgo de la mitad de su población.

Porque aumentar la presencia de mujeres en los órganos de decisión no es únicamente una cuestión de igualdad. Es también una cuestión de presente y de futuro.

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