23 de diciembre 2020 |

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¿Cuál es el estado actual del cambio climático en el mundo?

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El año 2020 comenzó con lo que parecía una ola imparable de cambio de hábitos en pro de la lucha contra el cambio climático. Por fin, las voces científicas y los movimientos ecologistas como Fridays for future habían calado tanto en la sociedad como los gobiernos, que ya dirigían sus estrategias hacia la transición verde. Sin embargo, lo que parecía ser el año para cambiar de rumbo hacia un planeta más verde, se convirtió en un año marcado por una crisis económica y de salud sin precedentes. De este modo, los esfuerzos climáticos fueron relegados a un segundo plano, eclipsados por la irrupción de la pandemia.

Y aunque en este año hemos sido testigos de una breve y nunca antes vista disminución de las emisiones, lo cierto es que este solo fue un efímero respiro para el planeta ya que las emisiones de CO2 han vuelto a registrar niveles récord y siguen aumentando. Todo ello nos muestra que el cambio climático no se detendrá ante crisis mundiales como la de la COVID-19 y necesitamos reducir las emisiones y lograr la neutralidad en materia de carbono para 2050.

La urgencia de esta misión es cada vez mayor: se prevé que el período comprendido entre 2016 y 2020 será el quinquenio más cálido de la historia, y en base de las tendencias actuales, el mundo no está en condiciones de mantenerse por debajo de los objetivos del Acuerdo de París. Así lo muestra el informe “United in Science 2020” editado por varias agencias de las principales organizaciones científicas.* En él se destacan los efectos cada vez más acusados e irreversibles del cambio climático, que afectan a los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de los seres humanos y que a menudo se dejan sentir a través de peligros relacionados con el agua como la sequía o las inundaciones. Asimismo, el informe también documenta cómo COVID-19 ha obstaculizado nuestra capacidad para realizar una vigilancia exhaustiva de estos cambios a través del sistema de observación mundial.

A continuación, exponemos algunas de sus conclusiones principales:

En primer lugar, las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) fósil, que son aquellas procedentes del uso de combustibles fósiles y la industria, alcanzaron un récord en 2019 de 36,7 Gigatoneladas. Durante el 2020 se observan anomalías relacionadas con el periodo de confinamiento y parón de la economía global que hizo disminuir en abril un 17% las emisiones en comparación con los promedios globales diarios en 2019. Unos niveles que volvieron a recuperarse en junio de 2020.

A pesar de esta ligera reducción de emisiones durante la pandemia, las concentraciones de Gases de Efecto Invernadero en la atmósfera han seguido aumentando hasta alcanzar nuevos registros. Esto se debe a que el balance de las concentraciones atmosféricas es el resultado de las emisiones actuales y pasadas y del período de vida sumamente prolongado de ese gas, por lo que el efecto del descenso de emisiones durante el confinamiento en el cómputo total es muy limitado. Este es uno de los puntos más críticos en la lucha contra el cambio climático ya que las reducciones sostenidas de las emisiones son necesarias para estabilizar el aumento de la temperatura global.

En este sentido, el informe revela que la temperatura media mundial de la superficie para el período 2016-2020 estará entre las más cálidas de cualquier período equivalente registrado. En concreto, se estima que actualmente es 1,1 °C superior a la media de la etapa preindustrial (1850–1900). Y lo más preocupante, existe alrededor de un 20% de probabilidad de que la temperatura media global supere temporalmente los 1,5 °C por encima del nivel preindustrial en el período comprendido entre 2020 y 2024.

En consecuencia, el cambio climático inducido por el hombre está afectando a los sistemas de sustentación de la vida, que van desde la cima de las montañas hasta las profundidades de los océanos, lo que provoca diferentes efectos en cascada para los ecosistemas y la seguridad humana como:

El ritmo de subida del nivel medio del mar a escala mundial de 2006 a 2015 es ya de 3,6 milímetros anuales, un valor sin precedentes para el conjunto del siglo pasado. En este punto debemos tener en cuenta que el océano global cubre el 71% de la superficie terrestre y otro 10% de la misma está cubierta por glaciares o capas de hielo, lo que llamamos criosfera. El océano y la criosfera sostienen hábitats únicos y están interconectados con otros componentes del sistema climático a través del intercambio global de agua, energía y carbono, lo que provoca que cualquier cambio en el nivel de estos dos componentes afectará gravemente al clima terrestre y a la vida submarina.

El océano ha absorbido entre el 20 y el 30 % del total de emisiones de CO2 que provoca el hombre desde la década de 1980, y ello ha incrementado su acidificación. Desde aproximadamente 1950 muchas especies marinas han experimentado cambios en su área de distribución geográfica y en sus actividades estacionales en respuesta al calentamiento de los océanos, los cambios en el hielo marino y la pérdida de oxígeno. Esto ha dado lugar a cambios en la composición de las especies, la abundancia y la producción de biomasa de los ecosistemas, desde el ecuador hasta los polos.

Los cambios que están ocurriendo en nuestro sistema climático han comenzado a impactar y tendrán impactos más pronunciados en nuestro planeta. El Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo (UNESCO, 2019) enumera tres impactos clave relacionados con el agua en un clima cambiante:

1) Aumento de los desastres relacionados con el agua: actualmente el 90% del impacto de los desastres naturales está relacionado con el agua y para 2050, el número de personas en riesgo de inundaciones aumentará de su nivel actual de 1.200 millones a 1.600 millones.

2) Aumento de las zonas que sufren de estrés hídrico: A principios y mediados del decenio de 2010, 1.900 millones de personas, o el 27% de la población mundial, vivían en posibles zonas de grave escasez de agua. En 2050, esta cifra aumentará entre el 42% y el 95%, o entre 2.700 y 3.200 millones de personas.

3) Aumento de las muertes relacionadas con la mala calidad del agua. Datos del 2019, mostraban que el 12% de la población mundial bebe agua de fuentes no mejoradas e inseguras, con el consecuente riesgo para la salud. En este aspecto, según datos de UNICEF (2017) más de 800 niños mueren cada día por la diarrea asociada con el agua no potable y la falta de higiene y saneamiento.

Por último, el documento hace hincapié en que los impactos de la pandemia de COVID-19 también van más allá de las emisiones. Según la OMM, los buques de investigación oceanográfica y los buques comerciales dejaron de tomar datos durante la pandemia de COVID-19, y la red GO-SHIP canceló su estudio oceánico de la década. El informe destaca que el estudio de estas variables es esencial para evaluar el avance del cambio climático y sus consecuencias por lo que estas “lagunas” deberían evitarse a través de la coordinación internacional y la colaboración en materia de datos. Un espíritu de alianza que además queda reflejado en el prólogo del Secretario de Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien señala que:

“Nunca antes ha sido tan evidente la necesidad de aplicar transiciones limpias, inclusivas y a largo plazo que permitan afrontar la crisis climática y hacer realidad el desarrollo sostenible. Debemos convertir la estrategia de recuperación de la pandemia en una auténtica oportunidad para forjar un futuro mejor”. Y añade que para ello “necesitamos ciencia, solidaridad y soluciones”.

Consulta el informe completo aquí.

*El informe «Unidos en la ciencia 2020», el segundo de una serie, está coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), con aportaciones del Proyecto Mundial del Carbono, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Oficina Meteorológica del Reino Unido. Presenta los datos y conclusiones científicas más recientes relacionados con el cambio climático para fundamentar las políticas y medidas mundiales.

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